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domingo, 7 de junio de 2015




Las revoluciones que generaron un cambio significativo en el mundo no surgieron de la previsión o la precaución; nacieron del deseo del inherente de cumplir un sueño que hace un tiempo parecía lejano y atiborrado de obstáculos impenetrables. Los sueños son el alimento del alma; son ese yesquero que enciende el espíritu del hombre para ir más alto como un águila que no conoce los límites de su voluntad. El mundo necesita de los soñadores; necesita de los ilusos que se pierden en la infinidad de sus pensamientos hasta llegar a lo más recóndito de su alma para extraer los deseos y ambiciones más sinceras. Hace mucho tiempo atrás, en 1.978, el mundo entero pudo vivir y sentir una historia de éxito que se disfruta hasta el día de hoy y que simboliza algunas de las páginas más importantes de la música Rock: Van Halen y su debut homónimo. O también conocido como el trabajo que revolucionó la década de los 80s antes de que ésta siquiera empezara.  Empecemos, ¿sí?

Vamos a retrotraernos a las postrimerías de los 70s y contemplemos la ambivalencia que se estaba sembrando en el mundo del Rock por esos años: los gigantes que habían reinado con puño de acero desde los comienzos de la década comenzaban a dar señales de agotamiento y la escena estaba en un segundo plano con el surgimiento del Punk como una variable más simplista y cotidiana a la propuesta de los entes Progresivos que veían que su popularidad declinaba en pos de la movida que se estaba fraguando en Gran Bretaña. Grupos como Black Sabbath, Led Zeppelin, Deep Purple, Queen, Genesis, Yes, King Crimson y muchos otros estaban pasando a finales de los 70s por múltiples vicisitudes: trabajos de bajo nivel, separaciones, esclavos a sus adicciones, tratando de ajustarse a los tiempos de manera fallida o haciendo cambios de sonido que resultaron ser contraproducentes –éstos fueron algunos de los motivos que influyeron en el devenir de una generación que se estaba desgastando (cosa entendible) y requería de sangre nueva. El relevo natural, vamos. En este escenario y en 1.977, el productor Ted Templeman fue invitado a un club a escuchar a un grupo de cuatro muchachos de California cuyo demo producido por Gene Simmons de Kiss había sido rechazado por todas las grandes compañías y que llevaban más de tres años en los circuitos de clubes haciéndose un nombre. Van Halen extasió a Templeman con una actuación que irradiaba un Rock sencillo y potente que distaba de la grandilocuencia de la época; pero que era más elaborado que lo que hacían los Sex Pistols por esos años. Luego de haber hecho la oferta, en Enero de 1.978, la banda conformada por David Lee Roth, Michael Anthony y Alex y Eddie Van Halen, se encerró en los estudios Sunset Sound para producir lo que sería el trabajo más influyente en la década posterior, titulado simplemente de manera homónima. No sabían que estaban siguiendo el sendero de Hendrix, Sabbath, Zeppelin y un par más al cambiar el mundo de la música para siempre; no sabían que se volverían el sinónimo del Hard Rock “fachero” y arrogante; y ciertamente no sabían que su líder, Eddie Van Halen, cambiaría el modo en que la guitarra sería analizada para los años posteriores.
  

Afinados y con la sapiencia obtenida por años tocando en clubes para encontrar su sonido, la banda arribó al estudio otorgando todo el control a Templeman en lo concerniente a la producción puesto que no tenían ninguna experiencia de estudio (naturalmente) y se encargaron de hacer lo que mejor saben: hacer música. Empezaron las sesiones con 25 canciones ideadas y en menos de dos horas, ya tenían la distribución de diez canciones que tenemos en la versión del CD. El trabajo del álbum fue bastante austero y orgánico: la banda no se tomó mucho tiempo en finalizar las canciones y su productor no se enfrascó en sonidos extraños o acomplejar algo que no necesitaba mucho retoque; es por ése motivo que el primer trabajo del grupo emana un sonido bastante “en vivo” y eso debe al hecho de que los instrumentistas tocaban juntos mientras que Roth entonaba las canciones en una cabina aislada. La realización del trabajo fue acelerada cuando Eddie dejó por accidente que sus compañeros de estudio, la banda Angel, escuchara su versión de You Really Got Me, lo que conllevó a que éstos últimos quisieran “robarse” dicha interpretación para su propio trabajo de ese momento. No habían pasado ni siete meses cuando la opera prima de los hermanos de origen holandés se había convertido en un álbum de platino –es el más vendido de la banda, junto a aquel maravilloso y muy diferente 1984-, el referente para una generación de niños rockeros que crecieron deseando ser David Lee Roth o Eddie Van Halen –referentes absolutos de la agrupación desde siempre- y fue el soundtrack de casi todas las fiestas que se hacían por esos tiempos, cosa que no es difícil de entender por qué: el debut de Van Halen es el sonido de una juerga un viernes en la noche: es el caminar en la cúspide del hedonista y transitar las calles como quien sabe que es el alma de la fiesta. Es la apoteosis musical de lo que se trata ser una banda de antros que vive y siente todas y cada una de las idiosincrasias del Rock & Roll; es la culminación de años de añoranzas por parte de estos cuatro pequeños soñadores, haciendo referencia a una de las canciones que contiene esta obra. Y es un álbum entretenido. Así de simple. En una década en la que proliferaba una infinidad de bandas Progresivas que hacían obras grandilocuentes y bombásticas y de agrupaciones Punk que se basaban en la lasciva hacia el colectivo social, éste trabajo cumplió con creces con la premisa principal de lo que debe ser un álbum: divertir al oyente y hacer que éste desee escuchar la obra una y otra vez.


El álbum es un robo, hombre. Las primeras líneas de bajo de Michael Anthony en Runnin’ With the Devil son las primeras exclamaciones de la revolución sonora que estos cuatro muchachitos estaban fraguando en 1.978… y que seguro que jamás pensaron que la escena jamás volvería a ser la misma gracias a su “música de garaje”. La canción en cuestión es un medio tiempo donde se deja entrever la esencia de lo que sería Van Halen desde su primer tema: unas vocales personales de Roth, una base rítmica sólida y un despliegue portentoso de su figura principal en las seis cuerdas. Luego está esa pieza instrumental sempiterna y que sirvió como una inspiración masiva para todos los “masturba mástiles” que fecundan la escena; Eruption es un solo de guitarra estratosférico de Eddie grabado en UNA SOLA toma y que hasta el sol de hoy es una de las composiciones más simbólicas de virtuosismo que haya en el mundo del Rock. Conceptuada como una mera parodia de la escena Punk, Ain’t Talking’ ‘Bout Love es una de las composiciones más conocidas del grupo y es fácil de ver por qué: constituyéndose con un riff algo simple –para los estándares de Eddie- y un Roth que hace al tema suyo con su interpretación tan personal, la canción se te queda en la mente a través de la primera escucha y es un divertimento instantáneo. I’m the One –en las demos titulada Show Me Your Love- es un tema más trabajado y acelerado en comparación con el resto del trabajo; pero de todas maneras se mantienen las melodías adictivas y no se pierde el filo en una mezcolanza exquisita que se comprueba en tal brillante estribillo –una actuación fenomenal de Roth y Alex Van Halen, por cierto. Composiciones como Jamie’s Cryin’ y Feel Your Love Tonight son tal vez las “menos buenas” del trabajo pero son fácilmente digeribles y disfrutables. Atomic Punk es un puñetazo en la cara a cualquier oyente con un Eddie haciendo lo que desea con su guitarra y un Roth que hace un uso de su rango interesante más que interesante; una de las mejores canciones de Van Halen y que debe ser escuchada de una buena vez por quien no lo haya hecho ya. Tenemos esa joya soberana que es Little Dreamer donde las influencias del Blues se dejan mostrar y un aura un tanto más sombría es empleada para erigir un tema bellísimo, melódico y atrapante –simplemente, otra demostración de unos músicos tocados por las musas de la creatividad. Ice Cream Man es una de las primeras excentricidades del combo y de Roth en particular; una pequeña canción donde llevan su humor y su divertimento a la palestra principal del álbum para relajarse aún más, si cabe –les invito a que la escuchen como lo que es: una pieza para compartir una que otra risa y para prepararnos para el gran final. Hay quienes le han puesto a Van Halen la etiqueta de Heavy Metal y eso puede ser constatado con la canción que lo termina todo, On Fire: Eddie elabora un riff infernal como base y Roth se muestra en tesituras más agresivas –para sus estándares- hasta que el tema alcanza su cumbre en un vendaval de agudos en el estribillo. Y es que la entrada me pide a gritos decirlo: que Eddie Van Halen haya cuajado un trabajo de guitarra tan descomunal a la tierna edad de 21 años es la prueba fidedigna de que los Dioses existen y transitan por la Tierra; irrumpiendo con propiedad en el panteón de los Iommi, Blackmore, Page, Richards, Clapton o Hendrix, el menor de los hermanos Van Halen erige una labor en las seis cuerdas que destila un gancho, una energía, y, por sobre todas las cosas, una personalidad encomiables. Y eso cabe destacarlo: Van Halen es un debut que suena increíblemente único gracias en mayor medida a un Eddie que cohesiona lo pesado, lo melódico y lo técnico en una de las más exquisitas actuaciones de guitarra que se hayan grabado. Este compendio de diez canciones históricas emana un espíritu, una libertad, un descaro y un ímpetu que sólo puede ser concebido por músicos impulsados por esa cruzada perenne que es el querer cumplir tus sueños y vivir nada más por eso. Transmite una sinceridad e inocencia que es imposible no valorar o apreciar. La honestidad es el único sendero por el cual se puede entrar al corazón del público; hay quienes se consumirán por medios más comerciales, pero es a través de la sinceridad del artista por la cual el estimado, en este caso los oyentes, se enamora de la propuesta del creador. La transparencia de espíritu crea un vínculo con quien te escucha.


El éxito de su primera obra maestra les permitió girar por el mundo y encandilar al colectivo con una catedra de performances incendiarias y potentes, rebosantes de energía. Entre eso, hubo gira conjunta entre Black Sabbath y Van Halen que fue un ejercicio en demolición por parte de éstos últimos y que no hizo más que encumbrar a Van Halen y agraviar los problemas internos de los británicos por esos años: Eddie y compañía se comían el escenario cada noche con las ganas de quien desea consolidarse mientras que los de Iommi comenzaban a dormirse en los laureles de la consagración –era simplemente un contraste demasiado notorio entre dos titanes que se hallaban en dos épocas muy diferentes de sus excelsas historias. Este debut y esta banda marcaron a la mayoría de las agrupaciones que vieron la luz en la década de los 80s: la facha, los riffs, los ritmos, las letras, la actitud en el escenario… todos esos rasgos fueron lecciones absorbidas y aprendidas de la obra de Van Halen a finales de los 70s. Marcaron el camino por el cual el Hard Rock ochentero y de corte angelino caminó hasta llegar al epicentro de la popularidad y estrellado, con nuestros protagonistas de hoy jugando un rol vital durante esos años en una camada de trabajos estupendos. David Lee Roth se convirtió en la referencia para incontables frontmans que actuaban, vivían y sentían el axioma de sexo, drogas y Rock & Roll a su máxima expresión. Casi todos los guitarristas de los 80s querían ser Eddie Van Halen y veían en él a un ídolo cuasi perfecto de lo que debía ser un héroe de la guitarra. Una infinidad de agrupaciones les deben a ellos la mitad de lo que hay en sus cuentas bancarias. Se encumbraron, cambiaron la escena, giraron por el mundo entero, su guitarrista cambió la forma de tocar el instrumento y se volvieron en the next big thing… y todo eso gracias a su primer álbum. Con el resto, ni les cuento. El propio Roth no lo pudo haber dicho mejor: “celebramos todo el sexo y la violencia en la televisión, todo el Rock en la radio, las películas, los autos, y todo lo que se trate de ser joven o semi-joven o joven de corazón; eso es Van Halen”. Nada mal para cuatro soñadores, ¿eh?

6 comentarios:

  1. Gran post..... enorme Van Halen, hasta ese 1984 no hay más que joyas, enormes.

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  2. Estamos hablando de uno de los mejores debuts de la historia. Un disco tan fresco, importante y aplastante, Como puede ser el debut tiempo despues de GNR.
    Nada sobra aqui.........un trabajo colosal. Que curiosamente no es mi favorito del grupo. Pues con su siguiente disco VH II......para mi lo supera.
    Un saludo

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  3. A mi en general nunca me han gustado Van Halen, puedo salvar algún tema, aunque odio especialmente el tema Panama, me suenan a una especie de eslabon entre los Kiss más geniales y los que el glam rock ochentero, a lo Crue, Skid Row y todos esos 'chicos malos' del rock. David Lee Roth tampoco es santo de mi devoción, aunque creo que luego vinieron peores, sobre todo Sammy, pero hablo de oídas, no domino el tema.
    Saludos etílicos.

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  4. no me parecen tan decisivos en nada, tienen mucha onda, actitud y esa fuerza rockera que tanto nos gusta... si es verdad que el guitarrista fue furor en esos tiempos y tanto que lo llamó el mismísimo Jackson para un solo... pero como banda fueron buenos, o descollaron....

    para mí fue muy importante la labor de Roth para cohesionar todo y que "llene"... hoy en día son una digna banda de hard rock antiguo y me dijeron que el disco en vivo que acaban de sacar es muy bueno.... salu2....

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  5. Gran review de una de mis bandas favoritas, saludos.

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  6. que pasó que quedó inactiva la página??? vamos gente!!!!!!!!!!!!!!

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