Google Analytics

lunes, 18 de mayo de 2015




Siempre ha habido, hay y habrá desavenencias cuando te toque desviarte del sendero que se ha erigido para tu destino. Es parte de la naturaleza humana encasillar a todo lo que engloba este mundo en categorías para mantener el control, para que ese tren bala que llamamos vida no se descarrile de los rieles de la insana austeridad moral. En la música, podemos atestiguar incontables eventos de una calaña similar y que son ejemplos arquetipos de que el balance es atemporal, inquebrantable y no debe ser perturbado –así nace el concepto de saturación y el fin de un movimiento. El Hard Rock angelino daba alarmantes señales de agotamiento y de estreñimiento creativo a finales de los 80s con una sobrepoblación de grupos que eran, para todos los efectos, una copia en carbón de los Ratt, Mötley Crüe, Bon Jovi, Whitesnake, etc. Era una conglomeración inagotable de agrupaciones que no parecían desligarse de los paradigmas de la escena y más bien se apegaban a éstos para tratar de atisbar un poco de las mieles del éxito que los acotados supieron alcanzar en su carrera –algo que, paulatinamente, acababa con la salud de esta música. Entonces en 1.989, en pleno auge de la moda Hardrockera y con el overbooking acotado en pleno desarrollo, debutaban los muchachos de Skid Row, apadrinados por el mismísimo Jon Bon Jovi en sus comienzos, con un debut homónimo bastante gozador, un cantante con personalidad y unos dotes vocales astronómicos, el canadiense Sebastian Bach, y que entre éxitos accesibles y con gancho como Youth Gone Wild, 18 & Life o I Remember You, dejaba entrever a una banda que prometía mucho y, por encima de todo, emocionaba. Dejando de lado a los Guns ‘N’ Roses, que iban en camino de conquistar el mundo musical, ninguna banda de Rock –aquí dejamos de lado a las de Metal- parecía encarnar ese estilo con el empuje, las ganas y la genuina arrogancia para emocionar al estimado con su propuesta. Todo era muy similar, muy arraigado a lo seguro. Y entonces llegó 1.991 y el segundo bombazo de nuestros protagonistas de hoy, Slave to the Grind.


Skid Row habían arribado a la escena con los mismos preceptos y deseos que muchas otras bandas de su movimiento: querían fama, éxito, mujeres, y encumbrarse como Dioses del mundo rockero. Lo normal. Pero fue en su segundo trabajo donde se diferenciaron del resto al introducir elementos más diversos, agresivos y potentes a su música –jugada que los pusieron dos pasos adelante de toda una generación que sería arrasada por la llegada de Kurt Cobain, la movida Grunge y un deceso incómodo para millones de bandas. El grupo de Bach supo mirar más allá de los estigmas del Hard Rock que se fraguaban a finales de los 80s; internalizaron lo que significaban las influencias metaleras primerizas de Sebastian, el guitarrista Dave Sabo y el bajista Rachel Bolan –los principales compositores del combo- que no dejaron salir en su debut; se desafiaron como músicos; y el resultado final fue un trabajo brillante, energético a la par de fresco y renovador. Muchas bandas suelen entrar en una regresión sonora a medida que hacen más álbumes y suavizan su propuesta con el pasar de los años; los de Skid Row, por el otro lado, se arriesgaron por una vertiente más agresiva cuando los estaban vendiendo como los sucesores de Bon Jovi en una época en la que los círculos de poder estaban pasando por una transición y en la que pudieron haber perdido la fama que ya habían conseguido con su gran debut. Pero el que no arriesga, no gana, ¿verdad, mis lectores? Tal era la estima que se tenía de Skid Row, y por ende la expectativa, que Michael Wagener (productor de sus dos primeros trabajos, además de gigantes como Metallica, Accept, W.A.S.P., Alice Cooper, Overkill, Stryper, Megadeth, Ozzy, entre muchos otros), dijo que el trabajo del cual tiene mayor aprecio y mejor recuerdo, a nivel grabación y producción, es del primero de estos muchachos puesto que, palabras de Wagener mismo, “que las canciones eran increíbles y la banda era una pasada, a pesar de ser jovencísimos. Tenían una gran energía y realmente estaban 100% identificados con la música que hacían, adoraban sus canciones… Pasamos mucho tiempo con la preproducción y todo fue de maravilla. Además, tuvieron la oportunidad gracias a todo esto de girar con Bon Jovi entre otros… A nivel de la grabación en sí, recuerdo que lo pasamos realmente bien haciéndolo”. No es poca cosa, ¿eh? Eran las futuras estrellas de la MTV cuando sus videos comenzaban a proliferar a bases diarias por la televisión; Sebastian se convirtió rápidamente en el objeto de deseo de todas las féminas norteamericanas e iban en ascenso a convertirse en los sucesores de las bandas mediáticas si se portaban bien, hacían besitos a la cámara, se mantenían musicalmente simpáticos y no fruncieran el ceño cuando el trajeado de turno les dijera qué hacer. Pero esto es Rock ‘N’ Roll, con un demonio, y las cosas no iban a ir así para Skid Row porque ellos no lo iban a permitir. Para bien o para mal.


Al hablar de la tríada inicial de estos forajidos de New Jersey, el foco principal de los elogios es su vocalista Bach y no es para menos, ¿saben? Es totalmente cierto que los años lo han convertido en una versión caricaturesca de quien una vez fue; pero es igualmente cierto que en su momento fue uno de los mayores caudales de talento vocal que habían surgido en la década de los 80s –una época muy prolífica en cuanto a vocalistas se refiere. Ya había cuajado una gran performance en el debut, pero eso sólo era un preludio –un resquicio de la superficie del excelso espectro vocal de Bach. Durante todo el trabajo, el malogrado vocalista hace un despliegue de virtud y buen hacer con el micrófono: agudos, tonos agresivos y sucios, tenues pero efectivos susurros… Sebastian aquí monta su legado para el recuerdo de todos los amantes de este género con una actuación que merece una ovación, y que no palidece en comparación con los mejores del negocio. Que luego desperdiciara todo ese talento y momento de gloria en pos de alimentar su propio ego es tema de otra historia y otra entrada. Al igual que Sebastian se alejaba de los conceptos desgastados de los demás vocalistas de su estirpe, se puede comprender que el resto de los de Skid Row también deseaban alejarse de la imagen de la típica banda fiestera y eso se denotó cuando llevaron a unos ascendentes Pantera como teloneros en la gira norteamericana de este trabajo; cabe destacar que Sebastian Bach ya había coincido con ellos cuando giraba con su primera banda en Estados Unidos, Madam X, en Texas y los de Dimebag aún estaban en su faceta Glam y eran unas semi-leyendas de los circuitos de clubes en su estado. Se puede dejar constatado que la gira entre ambos titanes fue un ejercicio en decadencia, locura y mucha buena música; una aglomeración de personalidades dispares y que simbolizaban todas las idiosincrasias que hacen a este estilo de música tan memorable. Pantera y Skid Row; dos formas muy distintas de romper las mismas barreras.


Pero, ¿qué hace a Slave to the Grind un álbum tan brillante y demoledor, al menos para quien suscribe? Las composiciones y el modo en que éstas mostraban todas las fortalezas que les hizo triunfar en su primer trabajo, pero apuntando a cimas más altas y sin sacrificar un ápice de su personalidad en esta transformación sonora. Al contrario; aquí se solidifica a Skid Row como una fuerza creativa –si su álbum homónimo los puso en el mapa mediático, su segundo los encumbró como músicos serios y respetables. Tal fue la recepción que Kerry King, líder y guitarrista de Slayer, además de enemigo declarado de esta movida, lo colocó en su top diez de mejores álbumes de 1.991. Tomaron lo que estaba escrito, le dieron vuelta al asunto y explotaron sus virtudes mientras minimizaban sus debilidades. Ya con la primera canción, Monkey Business, nos sumergen en la tormenta guitarrera de Skid Row con premura con riffs potentes al igual que gancheros, además de un Bach que combina sus tonos Sleazy con la clase y la ostentosidad que posee su garganta; un estribillo pegajoso, tono fiestero, buenos riffs, una línea de bajo interesante en el intermedio de Bolan, grandes vocales, ¿qué más se puede pedir? El tema título es una locomotora de poder y voluntad; una declaración de principios de la banda con unos ritmos psicópatas que se asemejan más al Heavy Metal que al Hard Rock de Ratt o Van Halen. Una canción acelerada, con un Bach pletórico y que ya le gana a la discografía entera de más de un grupo. Se pueden soltar miles de halagos al trabajo de Bach –que ya hice-, pero los guitarristas Snake y Scotti Hill también se los merecen puesto que son una dupla más que eficiente con los riffs que despliegan en bombas rockeras como The Threat –más Hard del bueno-, Get the Fuck Out –estribillo matador-, Livin’ on a Chain Gang –cierta aura Mötley Crüe y con un Bach iracundo-, Psycho Love o Creepshow –con buenas líneas de bajo de Rachel Bolan en éstas dos últimas. Todas estas canciones con un puñado de brillantes actuaciones de Bach. Riot Act es una bomba portentosa de Punk mezclado con Hard Rock que es descarada, rápida y va directo al punto –adicta como ella sola. Mudkicker es mi favorita del álbum, junto con el tema título: una orgía de riffs fangosos y directos que se entrelazan con unas vocales sucias y llenas de actitud. El estribillo es oro puro, como todo el trabajo. Un medio tiempo poderoso e imperial; con el carácter que debe tener esta música. Baladas como Quicksand Jesus y In A Darkened Room mantienen el espíritu de las composiciones suaves del álbum pasado con el suficiente gancho para cautivar a las personas que no sean fanáticas de los sonidos más fuertes; y es que Sebastian es/fue un maestro en seducir al oyente con sus tonalidades suaves y atrapantes. Pero es Wasted Time la que se lleva el premio a mejor canción suave del trabajo y del grupo en general: dedicada a Steve Adler, para entonces ya el antiguo baterista de Guns ‘N’ Roses y amigo personal de Sebastian, y su galopante adicción a las drogas que lo arrastraron a una enfermiza vorágine de autodestrucción. La lírica es sincera y directa, mientras que Snake y Hill se esmeran con los punteos en crear una atmósfera sufrida, pero con energía y llena de vida. ¿Bach, preguntan? Pues aquí está inmenso y cuaja una actuación estratosférica en la que conjuga el feeling y la frustración en un huracán vocal sobresaliente –los chillidos al final de la canción son desgarradores y muerden lo más profundo de tu alma. Una canción brillante en toda la extensión de la palabra y que atrapara incluso a quienes no gusten de este tipo de música. Mención especial a Wagener por su producción puesto que el bajo y las guitarras suenan como todo un bloque, y éstos salen reforzados en cada una de las canciones -un trabajo de producción de primer nivel, digno para el trabajo.

Fueron teloneros de los afamados Guns ‘N’ Roses en la monumental gira del Use Your Illusion y videos de canciones como Monkey Business, In A Darkened Room, Slave to the Grind o Wasted Time, hicieron delicias para todos los aficionados de esta banda. Se habían vuelto incluso más grandes que antes. Fueron consagrados como una de las mejores bandas de esa época, eran conocidos por todos lados, vendieron millones y consiguieron el respeto de un sector de la música que no estimaba al Glam o Hard Rock ochentero en absoluto –todo eso con la publicación de este trabajo. Es un tema lastimero añorar una reunión de la alineación clásica de la banda cuando se considera el deplorable estado de forma de todos los involucrados, pero al mismo tiempo da para pensar lo que estos cinco caballeros lograron hasta que la megalomanía, los egos y la vehemencia de un Bach que se estaba pareciendo mucho a su amigo Axl, hicieron implosión en la banda. Skid Row se habían convertido, con la publicación de este celebrado Slave to the Grind, en unos baluartes de la escena y tocaron en su gira en todos los lugares que significan algo para los rockeros: Budokan, Donington, Rock In Río, Wembley… todos estos lugares fueron conquistados por una banda que, sin ánimos de hacer de demagogo o de vidente, pudo haber sido mucho más de lo que fue –sólo hay que prestar unas escuchas a su tercer trabajo (y a la postre, el último con Bach en las vocales), Subhuman Race, que significó otro giro de tuerca hacia un sonido más abrasador y desarraigado a las costumbres de un mero movimiento… pero eso es otra historia y otra entrada, como he dicho anteriormente. Slave to the Grind fue un ejercicio en reinvención de una fórmula desgastada, dedicación como compositores y una demostración de ser un individuo en una saturación de clones; pero, por sobre todas las cosas, fue la sublimación de un estilo para sobrevivir a los cambios de la época y triunfar con tu propuesta en una selva en la que todos quieren alimentarse de tu fracaso.

12 comentarios:

  1. Una pena que estos bichos no supieran aguantarse y darnos una prolífica discografía. Este álbum es la leche, tanto los temas lentos como los más brutos. Flojea en el medio, con algún tema demasiado previsible, pero hasta eso les salió bien. Con un productor diez ¿a alguien no le gusta este álbum? Será que no lo ha escuchado. Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Sin duda su pra cumbre tambien para mi.......Y como muy bien dices,,,,supieron evolucionar en un genero que ya naufragaba...Sus tres discos son muy buenos...y una carrera con bach...simplemente perfecta y coherente.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  3. Estás hecho todo un experto en este tipo de música.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Mira que algunos tenemos dificultades para comentarte...
    No sabemos que decir.

    ResponderEliminar
  5. Bach no ha prosperado después de Skid Row porque no es un buen compositor. Excelente cantante y frontman pero no buen escritor. Lo mejor que dejó después de Skid Row fue Bring 'Em Bach Alive! Aquellos seis temas en estudio eran de lo mejor.

    ResponderEliminar
  6. Quizas es uno de los discos por los uqe mas he contado los dias por su edición, influye que era un teenager en su edición. El concierto en Bcn ya de su siguiente disco, es de los uqe mas tengo grabados en mi memoria. Excelente articulo. Saludos

    ResponderEliminar
  7. ¡Qué barbaridad de artículo! Te has salido, Alex!
    "Slave to the grind" es un pepinazo como una catedral de grande. ¡Dios, qué temas! No hay desperdicio. La voz de Bach no es de este mundo.
    El primero que sacaron tampoco estaba nada mal.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  8. Maravilloso: espectacular, Kevin. Uno de los mejores discos de aquella década; mucho más Heavy que el anterior; maravilloso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy buen post! Respondo el comentario del blog por aquí Alex (es mas facil que entrar y se tilde todo) Slave to the Grind es una obra maestra de los 90's, el punto justo entre esa maquina de hits del debut y la brutalidad Panteriana de Subhuman Race. Justo estaba escribiendo sobre The Baz y compañía, uno de mis cantantes favoritos y un tipazo. Lastima que no podramos verlos juntos de nuevo.

      Eliminar
  9. Todo un experto que contrasta con la ignorante servidora que suscribe este comentario. Me pierdo sin remedio entre tantos grupos y estilos...
    Saludos,

    ResponderEliminar
  10. Que buena banda Skid Row, es hermosa la balada de I remember you, empieza suavita y en la coro la rockean mucho.

    ResponderEliminar
  11. Espectacular disco! De la mejor época de mi vida. Y sin duda, dentro de los 10 que más me han marcado de todos los tiempos. Gran reseña!

    I won't be the one left behind
    Can't be king of the world If you're slave to the grind!

    ResponderEliminar