Google Analytics

martes, 28 de abril de 2015

Estamos en 1963 y la literatura norteamericana ha despegado definitivamente. Si el primer tercio del siglo XX, de la mano de escritores como Joyce, Kafka, Proust o Borges ésta buscaba, sobre todo, la introspección y la definición del estado de ánimo mediante profundas digresiones que delataban la angustia existencial del ser humano desde su concepción, la segunda mitad del siglo fue, sin lugar a dudas, la consagración de Sudamérica como el gran gigante de este arte. Ya se habían publicado bellas novelas como Pedro Páramo, de Juan Rulfo, El Siglo de las Luces, de Alejo Carpentier y El Astillero, de Juan Carlos Onetti. Pero aquello sólo fue el comienzo: los gigantes de la segunda generación de novelistas- citemos, para no rizar el rizo, a Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez o Julio Cortázar-, poco a poco iban puliendo su estilo para, de la mano de sus experiencias en el exilio, especialmente en la vieja Europa y y de los conflictos políticos y sociales en todo el continente, erigirse como los grandes protagonistas de una literatura que clamaba la ruptura existente de la dicotomía Europa-Estados Unidos en lo que a producción literaria se refería.



Mario Vargas Llosa y La Ciudad y los Perros son cosas mayores. Considerado como uno de sus mejores libros, y dicho sea de paso, para el que suscribe este artículo, como uno de los libros fundamentales para entender el siglo pasado, nació fruto de su experiencia en un internado militar. El escritor peruano ingresó con catorce años en el centro de educación castrense Leoncio Collado, donde permaneció hasta que cumplió los quince. La edad, siempre proclive a la rebeldía y la confusión, al romanticismo acompañado de inconsciencia, remedó la pasión que sentía por Dickens, Balzac, Tolstoi o Flaubert, exonerándola de la brutalidad que se respiraba en el colegio. Y ése es, precisamente, el concepto sobre el cual se apoya la ópera prima del arequipeño: represión. Desde el comienzo de la novela, uno percibe cómo ese concepto se deja respirar en el ambiente opresivo del centro. Perú, durante los años cincuenta y principios de los sesenta, el país andino experimentó un notable crecimiento económico que, sin embargo, no se vio refrendado con las demandas sociales fruto de la masiva migración indígena a las capitales de provincia. De hecho, el Leoncio Collado era fruto de ese fenómeno, concentrándose en ese establecimiento todo un interesante muestrario de los estratos sociales del país; Mario, un chico cenceño que buscaba la evasión de un ambiente poco benigno escribiendo cartas para las novias de sus amigos y peleándose con los otros estudiantes, pronto se daría cuenta que las estructuras de poder, para poder ejercer su influencia de forma adecuada, se nutren siempre del miedo y la incultura.




Y así es la novela: una historia donde, en las personalidades del Poeta, el Jaguar, el Esclavo, el serrano Cava, Boa y el brigadier Arróspide, se concentran, precisamente, la interdependencia existe entre el deseo y desilusión, libertad y la represión o el progreso con el conservadurismo desarrollado de forma hiriente, donde la humillación, siempre entendida en el ámbito militar como el mejor estimulante para las personalidades fuertes, lo único que hace es crear seres tristes, acomplejados y que sólo viven persiguiendo una quimera; a menudo, en la educación uno cae en el error acerca del concepto de autoridad, trasvasando los límites y haciendo de los jóvenes en seres profundamente revanchistas. La enseñanza de la primera obra de Vargas Llosa es la necesidad de la democracia y la libertad no sólo para construir países fuertes, sino, también, para formar ciudadanos sanos, capaces de, en un futuro, mejorar el país y extirpar así las voces del fanatismo. Pero no sólo es una novela que hable de la represión y del nacionalismo consustancial al militarismo; es, al igual que, por ejemplo, Si Te Dicen Que Caí, del escritor barcelonés Juan Marsé, una forma de ajustar cuentas con el pasado. La literatura dejó de conformarse como evasión para volverse activista, social y depositaria de las frustraciones de aquellas personas que siempre han estado oprimidas, o bien por el panorama político-social de la época, o por los fantasmas de su pasado; Marsé y Vargas Llosa, deudores de la novela coral que empezó a adquirir cotas de maestría con Manhattan Transfer, de Dos Passos, por ejemplo, buscan la conciliación y asunción de la juventud y sus sueños, obviando la realidad y caldeando el corazón con aquellos recuerdos de tiempos ignotos y míseros. En La Ciudad y los Perros, incluso lo personajes más antagónicos como el Esclavo y el Jaguar, pese a encarnar uno la debilidad de los espíritus melancólicos, y el otro la fortaleza de carácter de aquellos que han sido marginados por la sociedad, se ven siempre condenados a las veleidades de un sistema que poco o nada hace por integrarlos en la sociedad si no es con el temor y la inhibición de los sentidos.



Y cómo no, entramos en el papel de la ciudad. No se puede concebir una novela del escritor andino sin tener en cuenta el papel de Lima en ésta. La capital aquí es sinónimo de evasión: de la búsqueda de las incertezas de la juventud, de bálsamo ante las heridas infligidas por los instructores; atenúa el efecto de esos caracteres tristes y desapasionados y consigue que entiendan que las oportunidades existen, que la vida, pese a las vivencias en el Leoncio Collado puede ser maravillosa, y que la inmoralidad no tiene por qué ser el satélite que rija sus acciones. Y así es La Ciudad y Los Perros: uno de esos escritos fundamentales para entender la literatura de la segunda mitad de siglo. Construida, en el aspecto narrativo, en torno a la poderosa influencia que William Faulkner ejerció en la literatura hispanoamericana -presente en esas polifonías, saltos temporales en la narración despistando al lector con esos narradores múltiples, muchas veces no mencionados en la novela-, hace que sea una novela profundamente exigente. De todos modos, aquí se empezarían a notar los rasgos de su teoría novelística y que explotaría en La Casa Verde o Conversación en la Catedral como la pluralidad de los puntos de vista, la desesperanza ante el cambio de la condición humana, y la violencia como la única respuesta posible ante la anulación del ser humano para, a partir de La Tía Julia y el Escribidor -1977- abandonarse a un estilo más convencional y crítico con los convencionalismos y usos sociales de su país.



17 comentarios:

  1. Muy buena la entrada y muy explicativa sobre la literatura.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Tengo fijación con esta novela, porque de adolescente la busqué intensamente y no pude hacerme con ella. Y ahora que tengo acceso total, la dejo aparcada una y otra vez. Estoy de acuerdo contigo, la literatura latinoamericana de esta época es sensacional, es un pecado no haber probado algo de ella. Todavía tengo muchos pendientes, pero este sin duda, es de los que mejor pinta tienen.

    Besooss!!

    ResponderEliminar
  3. Siempre me ha maravillado la literatura hispanoamericana, desde Rulfo y su Pedro Páramo, pasando por clásicos imprescindibles como Rayuela de Cortázar, o el mismísimo García Marquez dentro del Realismo Mágico del cual fue su maestro ilustre...Pero profundizar en la obra de Vargas Llosa, es una asignatura pendiente, que pienso tomarme muy en serio, sobre todo, después de leer esta descriptiva y aclaratoria entrada, que ha ilustrado mi conocimiento acerca de uno de las más importantes autores de la narrativa de habla hispana. Por eso, te doy las gracias, felicitándote además, por tu capacidad para transmitir y hacer de un artículo de información verdadera literatura.
    Un fuerte abrazo y mi admiración

    ResponderEliminar
  4. Fue esta novela uno de los primeros libros que compré de adolescente, allá por el 70 ó 71. Leí su primera novela "Los Jefes" poco tiempo antes en una colección de TVE que publicó obras de muchos autores hispanoamericanos de entonces, y ya empecé a aficionarme al llamado "boom latinoamericano". La novela es muy buena, aunque ya ha pasado tanto tiempo desde su lectura que apenas me quedan recuerdos. Gracias a tu entrada parte de esa memoria perdida la he recuperado. La novela se la regalé a mi hijo cuando él empezó a aficionarse por la lectura. Espero que haga lo mismo con mi nieto.
    Excelente entrada, como siempre.
    Saludos,
    JdG

    ResponderEliminar
  5. Esta novela me fascinó.
    De hecho casi todas sus novelas me gustan.
    Dicho esto, también digo que como político me parece un impresentable.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  6. Es un muy buen análisis de un libro que nos ha marcado a mucho y que todavía recordamos con cierta temerosa nostalgia.
    Saludos

    ResponderEliminar
  7. Muy buena panorámica de la narrativa hispanoamericana de las décadas iniciales de la segunda mitad del sigloXX.
    En mi opinión, coincidente en todo con la tuya, es obra esencial en el devenir de la trayectoria de su autor y también de toda la novela hispanoamericana que englobamos bajo el denominado "¡booom!".
    Me ha gustado mucho la relación que realizas entre Vargas Llosa y Juan Marsé; no en balde los dos están escribiendo en el mismo espacio geográfico, Barcelona. Sin embargo, pese a sus semejanzas, el origen social de cada uno de ellos no puede ser más dispar: Varguitas (así le llamaba su familia por entonces) procede de la clase medio-alta arequipeña, mientras que Marsé es un 'charnego' que ha de lidiar con la intransigencia y desprecio de las acomodadas familias catalanas.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  8. Me quedé muy a gusto con tu forma de narrarlo. Coincido, prácticamente en todo. Llegas muy bien al lector. Dada que tu forma de analizar las cuestiones literarias dejan con ganas de volver a leer más y devorar lo que puedas presentar. No cambies tu estrategia, ni la forma de escribir. Lo que funciona, funciona. Gracias por compartir este artículo que hace saber más y reflexionar sobre Vargas Llosa.
    Sólo decirte que no siempre tengo tiempo disponible. Pero voy a seguirte como una lapa -aunque no siempre haga comentarios- .
    Un abrazo y gracias por la invitación, Alex.

    ResponderEliminar
  9. Me parece una reseña/artículo muy bueno. Creo que este blog sería una maravillosa herramienta para usar en cualquier aula de literatura. Sinceramente, yo lo recomiendo. Te dejo mi blog por si quieres pasarte: http://parasolesvioletas.blogspot.com.es/. Un saludo.

    ResponderEliminar
  10. Hola Alex. Gracias por la magnifica reseña. Me confirma en que no puedo seguir sin haber leído este libro.
    Saludos desde Francia.

    ResponderEliminar
  11. Mario Vargas Llosa me parece una de las personas más inteligentes a las que he tenido el placer de leer, y tu entrada está llena de excelentes datos literarios. Enhorabuena.

    ResponderEliminar
  12. Excelente disección, y gran artículo. Cualquier elogio es poco. Lo tenía guardado en favoritos para leerlo, por fin he encontrado un ratillo. Has superado las expectativas. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  13. Me uno a la crítica mayoritaria de comentarios precedentes, Vargas Llosa me parece un grandísimo escritor, un "creador prodigioso de argumentos", como alguien dijo de él, al que has sabido interpretar y situar acertadamente en su contexto social. Muy buena entrada.

    ResponderEliminar
  14. Muy interesante tu análisis.
    Esta novela me encandiló cuando la leí,no me ha sucedido con todas las de Vargas Llosa.

    Besos

    ResponderEliminar
  15. Excelente novela de un apestoso personaje. Cada vez que le escucho me da más asco, pero he de reconocer su buen hacer literario, aunque siempre me quedaré con Borges o Cortazar.

    ResponderEliminar
  16. No me había enterado de este post, lo he recuperado de casualidad, y me hubiera jodido perdermela porque esta novela es una de las cotas mas altas de la literatura del pasado siglo, la leí de demasiado joven y no me gustó, no era el momento, ni yo el receptor ideal, eso me alejó de vargas Llosa, lo recuperé años después tras el famoso e inocuo Premio Planeta y tras la premiada Lituma en Los Andés vino esta, he pensado mucho sobre ella, hoy me has despejado dudas y explicado cosas que no acertaba a explicarme a mi mismo, como siempre soberbio auscultación.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  17. Muy buena publicación Alex. No la he leido pero en breve estará en alguno de estantes esperando su momento.
    Muchas gracias

    ResponderEliminar