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martes, 6 de enero de 2015

La carrera del quinteto estaba siendo absolutamente meteórica. Como el caballo de Atila, cada lugar que visitaban implicaba que la hierba no creciese en ese lugar; y con ello, todo un erial de leyendas e historias fraguadas en torno a la inigualable energía que desprendían. Desde que aquellos muchachos se subieron por primera vez a un escenario, toda la furia del Rock se tornaba en un sentido de la electricidad impagable y el fiel reflejo de cómo, en los años setenta, en contraposición de la bonhomía de la Contracultura, la visceralidad de aquellos grupos recogían el testigo reclamando la sangre, el sudor, el sexo y las lágrimas de los músicos de Rock de los cincuenta. Trabajos como High Voltage, Let There Be Rock, Dirty Deeds Done Dirt Cheap o T.N.T ponían de relieve la mayor virtud que el combo australiano ha sabido esgrimir desde que su carrera comenzó: la autenticidad y la belleza de lo simple. Giras sencillas sin más aderezos que un escenario donde desenvolverse y amplificadores donde enchufar sus instrumentos, eran el fiel reflejo de una banda que, a diferencia de la magnificencia de las giras de los Stones y Pink Floyd, esgrimían una vuelta a lo básico. 1977 fue un año crucial para ellos. El asalto a los Estados Unidos fue fundamental. Allí, con poco más de tres personas en el equipo de gira, el conjunto que lideraban los hermanos Angus y Malcolm Young ofrecieron una serie de recitales que sirvieron para la forja de una rebeldía que, rápidamente, se contagió a una juventud cada vez más visceral y menos idealista. Después de este éxito, sobre todo en Chicago, repitieron en Milwaukee, y de ahí a Cleveland, donde el show fue televisado. Incluso tuvieron el honor de compartir nombre con unas auténticas leyendas del Punk como The Dictators en Nueva York para luego tocar en el mítico CBGB.





Claro, la leyenda de AC/DC en el circuito Punk estaba empezando a tener su lógica. Si tenemos en cuenta que las bandas punkies reclamaban y reivindicaban continuamente a rockeros como Little Richard, Fats Domino, Chuck Berry o Bo Diddley y los aussies jalonaban su música en torno a estas influencias, lo lógico era que entre éstos los y australianos hubiese algo más que camaradería: admiración era la palabra adecuada. Para muchos críticos eran una banda chabacana, soez y que buscaba la captación del público mediante motivos extramusicales; la interpretación de The Jack y sus alusiones a las enfermedades venéreas no eran bien recibidas por todo el mundo. Sin embargo, Bon Scott, fiel a su estilo, no hizo sino aumentar si cabe la expectación que había en torno a ellos, tal como lo pusieron de relieve en las actuaciones que hicieron con KISS, Blue Oyster Cult, Aerosmith o Cheap Trick. Sin embargo, pese al relativo éxito comercial que Let There Be Rock estaba teniendo en los charts -un honroso puesto número setenta y cinco en Reino Unido-, la magia del directo y el carisma que irradiaban sus personas no sedujeron solamente al público, sino, también, a tíos como Steven Tyler y Gene Simmons. Con la bandera de la calle y la poesía urbana de Bon como estandarte del Hard Rock, los australianos lo tenían todo a punto para la grabación del que, para este humilde cronista, es su mejor álbum: Powerage.




Antes del proceso de gestación del trabajo, el quinteto estaba tocando mejor que nunca: la gira en Europa y Oceanía -con parada especial en su tierra- estaba siendo fabulosa; y ya con el cartel de las actuaciones con KISS tenían en mente, una vez terminado el tour en los continentes referidos, volver a hacer otro vendaval de actuaciones por Norteamérica. El problema del visado, que les retrasó la gira, se complicó aún más y les dejaron con la sensación de que no podrían continuar con el trabajo. Tras numerosos impedimentos legales e intervenciones de asesores jurídicos de por medio, Malcom por fin pudo coordinar las sesiones. Si Let There Be Rock nos enseñó a una banda más contundente que nunca, el nuevo trabajo continuaba la senda pero con un pequeño matiz: el sonido. Desde un primer momento se le puso énfasis en una producción mucho más sucia que la de sus trabajos anteriores. En 1978, en plena efervescencia del Punk a escala global, éste ‘obligó’ a los australianos a ensamblar canciones de forma que recogiesen el sentir del cabreo de la juventud. Y es ahí, en ese sentimiento de inconformismo, cuando ellos logran adquirir más público. La propuesta de los australianos de retornar a las raíces del Rock les dotó de una enorme credibilidad y respeto de sus compañeros de profesión y de una crítica que, en un principio, escéptica hacia el tono sicalíptico y callejero de muchas de sus canciones, no tuvo otra que rendirse ante la evidencia. La promoción del disco fue extenuante, teniendo que ser Angus quien, la mayoría de las veces, diese la cara por así decirlo. Su vestimenta tan sui generis llamaba poderosamente la atención: los managers sabían que él era el miembro más cotizado de la banda, incluso delante del propio Bon. Pese a que las giras estaban predeterminadas y se incluyeron casi setenta fechas, todavía tuvieron tiempo para visitar la ciudad de París y ver a Trust, una banda francesa amiga del vocalista que, debido a su versión del Love At First Feel, estaba siendo prohibida en todas las televisiones del país pirenaico. Poco tiempo después, Anthrax los sacarían del anonimato versionando de forma brillante Antisocial.





La desquiciada imagen de la portada del álbum con Angus cubierto de cables en vez de brazos, el rostro deformado en una mueca estridente y la contraportada con la amenazadora pose de los miembros del grupo demostraba que ya estaban lo suficientemente maduros y cuajados a la par que chiflados; y eso se transfiere en once canciones destinadas a elevar los niveles de adrenalina a cotas inimaginables. Cortes del calibre de Sin City, Rock n Roll Damnation o Down Payment Blues mostraban hasta qué punto el sonido se había endurecido y el énfasis que habían hecho en la elaboración de los estribillos. A menudo se ha focalizado la grandeza del combo australiano en la vitalidad y energía tanto de su carismático guitarra líder como en sus dos vocalistas. Pero es que a nadie se le debería olvidar que, en el salón de máquinas, haciendo las labores de orfebrería como si de un maestro relojero suizo se tratase, las composiciones se apoyaban en el enorme talento de Malcolm Young para hacer líneas de guitarras tan simples como efectivas. Sólo hay que escuchar el mastodóntico riff de guitarra de Riff Raff para comprobar cómo de lo llano hacía un monolito lleno de caos, furia y energía que acompañada del crepitar de las melodías de What´s Next To The Moon, Gone Shootin o Kicked In The Teeth alcanzaban cotas de diversión imprescindibles en sus compactos. 





Malcom capitalizaba el sonido de la banda y hacía bascular del lado de Chuck Berry un sonido contundente y mucho más oscuro que en plásticos anteriores. Pero, dejando a un lado estos aportes, lo que hace grande a este álbum era la capacidad de dar el doscientos por cien en una época en la que, perfectamente, podrían haberse acomodado. Se les puede criticar que todos los discos son iguales –perdí el interés en ellos después del multi-ventas Back In Black-, a Brian Johnson –personalmente no soy un gran fan suyo, pese a respetar su trabajo y, sobre todo, la capacidad que tuvo de saber reemplazar a Scott-, pero nadie puede negar que son, ante todo, ejemplos de sacrificio, tesón y honestidad. En una época en la que para triunfar parece que tienes que romper moldes a la desesperada aun enarbolando la bandera de la estupidez o del mal gusto, que haya gente que, cuarenta años después sepa cómo funciona su oficio -¡y anda que no tendrían motivos para ser chulos en el caso de que quisieran serlo!- y traten al respetable con la misma humildad con la que comenzaron, es para postrarse ante ellos. Powerage merece, a mi entender, el primer puesto entre todas las entregas discográficas de AC/DC debido a su innovación dentro del inmovilismo musical que ha constituido el eje de su producción discográfica. ¿Y tú qué opinas? ¿Cuál es tu álbum favorito de ellos? Opina sin miedo.




17 comentarios:

  1. Parece ser que Powerage se gestó deprisa y corriendo, pues menos mal. Mi disco favorito, no solo de la banda, también de todo el hard rock, lleno de canciones monumentales. Uno no entiende muy bien que no suelan tocar mucho material de este álbum en vivo, pero quizás por ese motivo cada nueva escucha del disco suena tan fresca y tan increíble todavía.

    Saludos.

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  2. Gracias a ti, aprendo cosas interesantísimas del mundo de la música artículo tras artículo.

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  3. Yo no veo endurecimiento respecto a "Let There Be Rock", ni creo que "Powerage" sea superior a "Highway To Hell", pero es desde luego un disco colosal del mejor grupo de rock and rol de los últimos cuarenta años en su mejor momento. ¡Lo que hubiese dado servidor por ver a los Dictators y AC/DC juntos, media vida!

    Un abrazo, Alex.

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  4. El liston mas alto lo ponen el Highway to hell...y en su continuacion con Back in black. Luego los gustos de cada uno pues varian..Pero la cima estan ahi para mi.
    un saludo

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  5. GRAN BANDA. UNA DE MIS FAVORITAS. YEAHHHHHHHHHHHHHHH.
    UN ABRAZO

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  6. Estos si.
    Estos si que me volvían loco.
    Geniales.

    Saludos.

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  7. A mí también me enamora este disco.
    Y la actitud de estos músicos de raza.

    Creo que pronto actuan en Barcelona.

    Un beso next to the moon!

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  8. Ahora entiendo todo tu resquemor y rechazo a lo que han facturado AC DC con "Rock or Bust" gustándote como te gusta "Powerage", quizás su disco más rabioso sónicamente hablando pues el punk les hizo ponerse las pilas como auténticas bestias para no ser convertidos en 'dinosaurios' del rock antes de tiempo.

    In my opinion, qué duda cabe que éste para mí forma la 'triada perfecta' en Pupilandia junto a Highway y Back in Black, de hecho hasta lo reseñé en febrero del año pasado en una entrada del juego "Por Amor a la Música" en la que hablé de Bon Scott en la manga de muertes por ahogamiento o asfixia. No podría decantarme por ninguno por encima de los otros, son discos redondos, perfectos, obras maestras del rock'n'roll y de la música en general.

    Gran trabajo, se agradece la pasión que le has puesto muchacho!!!

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  9. A ver, es que para mi Powerage tiene temazos uno detrás de otro, incluso facturando ese blues que ya hacían tan de puta madre en la época de Bon Scott. Desconocía que se la ponía dura a Keith Richards, pero en Powerage hay riffs incendiarios y temas de puro y duro rock and roll. De mis favoritos de siempre.

    Abrazos.

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  10. Dificil la pregunta que nos propones:
    No es por escaquearme, pero hasta el Razords Edge, me parecen todos de un nivel muy bueno, y no sabría con cual quedarme, quizá este Powerage, aunque por photo phinish.
    Reconozco el gran mésrito de ellos, al salir en una época demasiado "culta" del rock, ellos se atrevieron a hacer con un solo riff montón de buenos albumes, mientras otras bandas estaban empeñados en convencernos de lo buenos músicos que eran, era como la resurreccion del garage mas primitivo convirtiendose en rock: ritmos aobsesivos y machacones, sin ninguna floritura, pero que te impactaban de lleno.
    Tienen mucho mérito, por poner un simil, es como al que se le ocurrió dibujar un plátano para una portada y hascerla la mas famosa de la historia.
    En fín, música para disfrutar y punto, que a veces parece que so nos olvida para que sirve la música.
    Un saludote y gracias por el currazo que te has tirado.
    Jose

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  11. Mi podio sería para Highway to Hell, Powerage y Let There Be Rock aunque lo cierto es que si tuviera que quedarme con un único LP de AC/DC para escuchar por el resto de los tiempos elegiría If You Want Blood...
    Saludos

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  12. Buena época para la música y para la banda... Eran otros tiempos y hasta mucho después algunos no tuvimos ocasión de verles en directo... Para mi, la primera época de los australianos es la más brillante quizás, aunque todavía les quedase por alcanzar su punto más algido, el 'agridulce' Highway To Hell... Entonces AC/DC eran una banda que hacía volver al rock a sus orígenes más salvajes sin utilizar progresiones elaboradas, creando potencia y deleite con una música impregana de riffs sencillos llenos de reminiscencias estonianas...

    Nada que ver con los tiempos actuales...

    Un abrazo.

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  13. Back in black, el único en el que todos los temas me encantan por un igual. Un álbum redondo, sin desperdicio. Por supuesto, tienen muchos discos míticos con canciones legendarias... pero ese Back in black no tiene parangón.

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  14. Ya tengo un motivo para oir este disco con detenimiento. A mi este grupo en su simpleza y en lo repetitivo me ha cansado siempre. Me cuesta oir m'as de un disco.Soy capaz de oir la discografia de Dr Feelgod de un tiron (lo he hecho), pero con ACDC no puedo acabar el segundo disco . Cuando oigo canciones sueltas si que los disfruto.

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    1. Muy interesante todo lo que aquí expones y lamento no poder contestar a tu pregunta.
      ¿Te ha ocurrido, alguna vez, ponerte a escuchar a un grupo, que instrumentalmente te engancha, pero en cuanto abre la boca el vocalista te echa para atrás?
      Pues algo parecido me pasa con AC/DC, Siempre me ha resultado difícil escuchar un álbum completo de ellos. Por ese motivo desconozco la mayor parte de su trabajo.Ni Scott, y mucho menos Johnson, logran que no me sienta con la sensación de estar escuchando graznar a alguien, me pasa algo similar con UDO,mientras los Young hacen un extraordinario trabajo. Ojo! no digo que los vocalistas no hagan lo suyo, que sí lo efectuan, sino que me resultan rallantes y repetitivos.
      Sin embargo,es así mismo difícil no disfrutar con sus clásicos "Back in Black", "Highway to Hell"...
      Así pues, sólo tengo un disco de ellos, el Backtrack y, lamentablemente, en edición sencilla
      Ahora me voy a esconder antes de que me zurren por haber cuestionado a un grupo mítico.

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  15. Si tuviera que quedarme con uno "Back in black", el anterior "Highaway to hell" está sólo un peldano más abajo, pero la desaparición de Bon Scott, demostraron que había mucha vida por delante.

    Saludos

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