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domingo, 5 de octubre de 2014

Lo recuerdo perfectamente: 22 de junio de 2014, Clisson, una pequeña localidad sita en el Distrito de Nantes, esa ciudad que siempre tendrá un peso específico en la memoria contemporánea de los franceses por ser la segunda ciudad, tras París, en iniciar la Revolución Francesa.  La gente era amable, de trato fácil; no faltaba el lugareño de carácter hosco que enarcaba una ceja cuando le decías que eras español, pero bueno, ya se sabe: los vecinos están para odiarse. Cogí el tren temprano, si mal no recuerdo, a las doce de la mañana; tras el amabilísimo trato de los trabajadores, me apeé con dos amigos, y nos entró el síndrome de Paco Martínez Soria cuando llegaba a la capital de España. El viaje había sido raro e incómodo, más que nada porque el que firma esta crónica siempre tuvo problemas endémicos de sueño y mis compañeros dormían cómodamente, como si sus cuerpos se hubiesen hecho al material mejorable de los trenes franceses. Un festival es siempre algo importante; quiero decir, lo es si viajas, para mí al menos, fuera de tu país. Con todos mis respetos, esa gente que se jacta de presumir a festivales y sólo ha ido al Viña Rock a ver siempre el mismo cartel, pues no cuenta. No hablemos, tampoco, de la proliferación de festivales de música indie, llenos de escritores que no han pasado del capítulo II de Rayuela, músicos que no han sido capaces, todavía, de tocar los treinta primeros segundos de Something con la guitarra y, cómo no, mi personaje favorito: 'El Nevermind es el mejor disco de rock de los noventa'. Ése siempre se ganará mi admiración. Basta con ir a un festival, como por ejemplo el Hellfest para que uno se dé cuenta que, como bien dijo Dumas en su momento: África empieza en los Pirineos. Gocé en todos los sentidos; y sin la necesidad de saber que me voy a encontrar al parroquiano español que se encuentra de festival: el que ni vive, ni deja vivir. Y encima es maleducado.



La cita era con la historia, no porque servidor fuese a ver, en un lapso de tres días, a seis de las mejores bandas de Rock y el Metal como Deep Purple, Black Sabbath, Iron Maiden, Aerosmith, Slayer o los genuinos Status Quo, no; el compromiso, dejando de lado la propia magnitud y grandeza de los cabezas de cartel, era porque iba a ver a uno de mis grupos de cuando era adolescente: Soundgarden. Recuerdo mi primera vez con ellos como si fuese ayer. Fue un 23 de Octubre de 2005 y me encontraba haciendo un resumen para la clase de Historia de los Austrias Mayores cuando puse el canal VH1 y sonó Let Me Drown. Aquello no era innovador, pero verles sudar y sudar, con Chris Cornell en plan estelar, gritando con una potencia descomunal, me dejó absolutamente noqueado. Al día siguiente, ya me había comprado Badmotorfinger y Superunknown: me sentía la persona más especial del mundo. Por eso, el Hellfest de 2014 estaba marcado con rojo en el calendario por ellos. Tocaron el 22 de Junio; y todo el mundo sabe que, al tercer día de festival, uno va absolutamente falto de fuerzas: el calor, la mala comida, los agobios y la adrenalina que uno descarga los días anteriores, se van convrtiendo en losas que uno ha de levantar continuamente. Máxime cuando viernes y sábado servidor vio consecutivamente a Iron Maiden, Slayer, Opeth, Paradise Lost y demás. Para el día 22, cuando todos los asistentes aún nos estábamos recuperando del descomunal concierto de Aerosmith el día veinte y Emperor ese mismo domingo poco antes de Sabbath, se aproximaban las horas claves: aquel día iba a tocar una de las bandas más grandes de la historia.  Pero antes de que actuasen, estaba nervioso porque los de Seattle iban a aparecer en breve; y no se demoraron mucho: Cornell, Thayil y su pinta de yihadista, Cameron y su aspecto de psychokiller y el siempre tímido y eficiente Ben Sheperd, sonriente, esquinado. Una cosa que no me gustó del recital es que fue excesivamente lineal, que Cornell, pese a ser uno de mis vocalistas favoritos, se vuelve excesivamente monótono en ocasiones. Los años no le están sentando bien y se notan, especialmente a la hora de hacer agudos. Poco después me enteraría que en Hyde Park se marcaría un concierto de diez, el hijo de la gran puta. Allí sólo estábamos los nostálgicos, la vieja guardia metalera estaba descansando; y yo quizá debería haber hecho lo mismo, porque tras Black Sabbath me tocaba ir a ver a Turbonegro.



Salí un poco desencantado, se dejaron varios temas en el florero cuando, precisamente, en Hyde Park variaron el set list y reventaron ese recinto que vio a los Stones, Genesis, Jethro Tull, los Beatles, los Who consagrarse. Mi primera reacción, así muy diplomática, fue la de cagarme en los muertos de la banda; luego pensé que no estuvo tan mal; y claro, ya ahí entré en buclé y me puse a recordar los inicios de la banda, Badmotorfinger y uno de los diez mejores discos de rock de los noventa como Superunknown. Mucho antes de que Nirvana y Kurt Cobain nos dijesen que la música era mentira, que todo lo que escuchábamos era superficial, y que si nos gustaba Guns n Roses, básicamente éramos seres estúpidos sin lógica y fundamento alguno, ellos ya estaban a mediados de los ochenta con botas de siete leguas recorriendo la geografía norteamericana tocando en bares de mala muerte. Sus primeros conciertos más bien parecían los de Black Flag, Bad Brains o los Buzzcocks por la furia y la adrenalina que se soltaba y poco o nada tenían que ver con lo que ofrecerían años más tarde. Para los que aún piensan que el raquítico de Smells Like Teen Spirit inventó el Grunge, la longevidad de Soundgarden era ya legendaria. A mediados de los ochenta, cuando el Hard Rock dominaba el panorama musical, ellos ya estaban batiéndose el cobre en esa América profunda que veía en ellos a cuatro revoltosos que no tenían ni oficio ni beneficio. Y cuando llegó el cambio de década y el Grunge ya empezaba a aparecer en los medios de comunicación, tenían ya dos discos a sus espaldas; en Seattle sólo los Screaming Trees del sensacional Mark Lanegan y bandas underground como Green River -donde se encontraba dos de los miembros fundadores de Pearl Jam como Mike McCready y Stone Gossard- estuvieron antes que ellos. Lo que pocos intuían era hasta qué punto esa etiqueta les pasaría factura con el tiempo. En esa misma deriva, se encontraban otras tantas bandas que sólo tenían que ver con el Grunge, quizá, sólo el nacimiento o la pertenencia en su juventud a la movida de Seattle. Soundgarden nunca fue así.
 Y es que, claro, eran historias totalmente distintas. La poderosa voz de Cornell poco o nada tenía que ver con el tono lastimero de Cobain o Staley. Él, digno heredero de la estirpe de Plant, Hughes y Gillan, recordaba más bien a las mejores voces del Hard Rock y el Heavy Metal. El espléndido toque soul que, en ocasiones recordaba al bueno de Glenn, los agudos infernales, al más puro estilo de Robert y la potencia descarrilada de Ian le daba un vigor sobrehumano. La enorme fuerza motriz que eran los riffs de un Kim Thayil deudor más de Iommi, Hendrix y Page que de Bob Mould o Joey Santiago constataba que eran una banda de Hard Rock, Heavy Metal y Rock Psicodélico y que, por culpa de una prensa estúpida, que consideraba que todas esas bandas eran un mismo ente musical, fueron metidos en el mismo saco que en el de otros grupos con el que no tenían nada que ver . El primer momento de inflexión en sus carreras llegaría con Badmotorfinger, donde directamente explotaron, sacando uno de los mejores álbumes del año 1991, teloneando y comiéndose literalmente a unos Guns n Roses que eran la mejor banda del mundo por aquel entonces. Cada recital en vivo mostraba el enorme espectro musical de una formación tocada por la varita de la inspiración y al que el óxido del miedo no había hecho su efecto en sus respectivas personas. Con esa imagen de músicos distantes, siempre tan reluctantes a los medios de comunicación, se fue creando en torno a ellos una figura casi mística que sedujo, entre otros, a unos Metallica que también los querían como teloneros. Sin embargo, muchas cosas pasaron entre 1991 y 1994. La muerte de Cobain, evidentemente, fue un terremoto, un acontecimiento insoslayable y el Rock se paralizó. Lo que nadie sabía es que, mientras el mundo le lloraba, estos tíos, precisamente lanzaron uno de los mejores discos de Rock de los últimos veinte años como Superunknown. La premisa era clara: hacerlo más denso, complejo, oscuro, atmosférico y tortuoso. Las letras, por añadidura, tornaron un cariz mucho más complejo: a las historias y metáforas sobre el consumo de drogas y sus efectos -¿estaban siguiendo el mismo patrón que Alice In Chains?-,  yreflejaban a la perfección la incertidumbre del presente y la amenaza del futuro. Grabado entre Julio y Septiembre de 1993 en Washington con Terry Date como productor y surgido el título a raíz de su actuación en el Lollapalooza, se dedicaron a juntar el material que todos habían compuesto alguna vez en su adolescencia con otros grupos, confrontarlo y, a partir de ahí, trabajar con ello. El proceso de grabación fue lento; Thayil, siempre obsesivo dijo que hasta que el disco no fuese una obra maestra, nadie se movía del estudio, productor incluido.





Y así nace Superuknown: ambicioso, efectista y con esa construcción de las canciones tan particular. Eran los tiempos en los que les dio por trabajar sobre compases distintos. Mientras muchísimos trabajaban a partir del 2/4 y 4/4 tradicional, ellos los iban cambiando. Este detalle, que a principio podría parecer insignificante, tenía mucho sentido: Tool lo usaría un año después para Aenima, implantando ambos un estilo que, en años posteriores, sería celebrado e imitado hasta la saciedad. Entremos en las canciones: diecisiete. ¿Muchas? Puede ser, pero es que rebosaban talento e imaginación: la guitarra de Thayil era, literalmente de otro planeta. La forma en la que empujaba las canciones, centrifugando toda esa fuerza incardinada en las melodías de los sesenta y setenta sustentaba una base rítmica mucho mejor ensamblada que en su predecesor. Cortes como Let Me Drown  -ojito a cómo la lía Chris Cornell con ese espectacular grito antes del solo-, la hipnótica y 'popera' Superunkown retrataba a un grupo que, llegado el momento, sabía y podía jugar con la ligereza del pop, tal y como demostraban en el estribillo. Como era normal, no podían faltar canciones que sí se aproximasen, aunque sólo fuese mínimamente a los patrones del Grunge: Fell in Black Days, My Wave, 4 th of July o The Day I Tried To Live resultaban interesantes por una filosofía lírica de la banda más dura y menos condescendiente; antes, las referencias a la muerte eran recurrentes, sí, pero quedaban solapadas entre alegorías prolijas. Aquí abandonan directamente la retórica para asestar golpes a la conciencia. Las prolijas descripciones de suicidios, la vida como una carga en vez de un delicioso manjar digno de ser paladeado lentamente, así como el miedo y la muerte son tratados con la misma cotidianidad con la que éstos irrumpen en nuestras vidas. La inspiración recogida a través de los libros de la fallecida Sylvia Plath fue palpable, sobre todo a la hora de reflejar el creciente hastío del hombre moderno. Mailman, Limo Wreck así como la archiconocida Black Hole Sun -con uno de los vídeos más emblemáticos de los noventa-, cincelaban el rostro de un grupo que podía amalgamar el sonido crudo del Hard y el Heavy con unas ciertas dosis de rock experimental, coronando un disco sublime, imprescindible y básico para entender qué fueron los años noventa. Superunknown llegó al número uno y vendió casi quinientos mil discos en sólo cuatro días; y todo parecía que iba a ser triunfal para ellos, pero, una vez lanzado el álbum, al mes siguiente Cobain murió. De repente parecía que Seattle quedaba distante, y ellos, de más. Tuvieron la mala suerte de despuntar en un año que no era el suyo, y se vieron sacudidos por el morbo que suscita siempre un muerto. Dos años después sacarían otro magnífico álbum como Down on the Upside. Pero cuando aquello sucedió, ya habían quedado borrados de la memoria de demasiados consumidores de música, pero no para muchos: Soundgarden, con todo el merecimiento del mundo, fue una de las bandas de Rock más admiradas de los últimos veinticinco años.




15 comentarios:

  1. Excelente reseña de una de mis bandas favoritas, un abrazo.

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  2. Todavía recuerdo la impresión que me causó Badmotorfinger, uno de mis discos de cabecera, todavía. Aunque Superunknown sea un disco que he escuchado hasta la saciedad seguramente elegiría antes Badmotorfinger o Down On The Upside, cuestión de gustos, supongo, cuando salió me pareció un poco más comercial que lo que habían hecho antes, aunque temas como 4th Of July o Spoonman difícilmente tienen rivales. En su momento no pude entender que se separaran, la carrera de Cornell en solitario es decepcionante en líneas generales, y vale que está muy bien ver a Matt Cameron con Pearl Jam, pero pienso que han desperdiciado algo muy valioso que tenían y que no han podido recuperar con su disco de retorno, aunque en directo son capaces de arrasar todavía, por mucho que la intensidad física brille por su ausencia. Hay un concierto de Chile de no hace mucho, donde tocó con ellos Matt Chamberlain, el primer batería que tuvieron Pearl Jam, y es que precisamente Cameron estaba con Vedder y los demás de gira. Pensaba que sin Cameron no iba a ser lo mismo, pero hay que rendirse a Chamberlain, que pedazo de batería, tiene mérito hacer que no te acuerdes de un monstruo como Cameron, aunque sea por un momento, y vaya concierto de Soundgarden.

    Saludos.

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  3. Yo también prefiero el Badmotorfinger, con mas nervio, mas inmediatez, mas puritita mala hostia, pero eso no quita para que el Superunknow me parezca un disco de sombrerazo, con ese tono existencialista que tanto jode y tanto mola, y desde luego uno de mis preferidos del mal denominado "Grunge" (a quien sería el iluminado al que se le ocurrió la etiquetita..). Coincido contigo en que sería muchísimo mas apropiado referirse a ellos (casi a cualquiera de ellos, no solo a Soundgarden) como Hard Rock o Heavy Metal, y la otra nomenclatura dejemosela a los hypsters, y que se la machaquen con ella...
    Homenaje/Reseñaza, Alex/Napster (ya no sabe uno como dirigirse a ti, jeje), y como te he dicho antes por el face me quedo con tu frase "...festivales de música indie, llenos de escritores que no han pasado del capítulo II de Rayuela". Lo has clavao. Hay por ahí cada poetastro... Si por cada uno de estos esnobs y bohemios de nuevo cuño (con la pasta de papá) con los que me he cruzado me hubiesen dado un duro ya me habría comprado un castillo... Un abrazo, tío
    P.d.: Eso si, Chris Cornell como en Temple of the Dog en ningún lado (opinión personal, of course)

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  4. ¡Ah! Y lo de "El Nevermind es el mejor disco de rock de los noventa" es otro clásico de nuestros días... Manda cojones...

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  5. Solo he oido su Superunknow....Y mira que me gusta, pero no he profundizado en sus demas discos... Algun dia tendre que hacerlo. Excelente texto.
    un saludo.

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  6. Estoy bastante perdido en lo sucedido en esta época -Nirvana, el grunge, etc... Pero tendremos que echarle una 'oreja' al 'Superunknown' que nos recomiendas encarecidamente, Alex. En cuanto a lo de la música en vivo, personalmente siempre me produce disfrute y no necesariamente mayor cantidad porque el evento sea de la entidad de un macroconcierto o haya que viajar más kilómetros -aunque el ambiente de estos eventos siempre cautive-.

    Un abrazo.

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  7. Aurelio, el grunge, o lo que yo llamo "la escena de Seattle", es muy amplia, y cada grupo prácticamente no tiene nada que ver con los demás, cada uno son un mundo: Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden, Alice In Chains, Mudhoney, Screaming Trees, etc, o grupos paralelos, germinales o proyectos como Temple Of The Dog, Mother Love Bone o Mad Season. Seguramente no te van a gustar todos por igual, pero merece la pena adentrarse en esos grupos, y si los desconoces a casi todos, en cierta manera te envidio, ya que el disfrute de toparse con esas bandas no pasa todos los días, y además tienes ocasión de descubrir a los que no conozcas de la manera que quieras, aunque yo te recomendaría que fuera en orden cronológico y poco a poco, hay mucho ahí y tampoco conviene tratar de asimilarlo todo de golpe.

    Saludos.

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  8. Pedazo de post, Álex, espero que algún día hagas una reseña de los Melvins o Butthole Surfers y hables más del Rock Alternativo. Un saludo, colega :)

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  9. Es como ir a clase de armenio en Kyoto.
    Pero lo llevo bien eh....
    Hago comentarios para salir del paso y sigo alucinando con mi ignorancia musical.

    Saludos.

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  10. gran banda, inentendible que lo ultimo que sacaron tenga tan poca pasión... y es verdad, a veces Cornell parece cantar sin ganas, como sabiendo que la voz que tiene (en el top 5 de voces del rock actual) le alcanzara...

    Superunknow es mas producido, ok, pero mas redondo que los demás discos de ellos... no por eso tiene que ser menos... 4 de Julio es hipnótico, lúgubre, un temazo...

    y mal que le pese a muchos, en esos momentos ser fan de Axl y los suyos era de mal gusto jaja... y bue, salu2...

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  11. Yo era de los deed Purple...me encantaban..un saludod esde Murcia...ahora estoy escuchando a Leño de nuevo....

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  12. ¡20 años ya! quien los pillara... sobre todo, quien los pillara en concierto a estos de aquella. Como bien dices, uno de los mejores discos de la década. Precisamente lo escuché a menudo este verano, dentro de mi particular selección del '94.

    Saludos

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  13. Amen hermano!!!, el álbum es sencillamente majestuoso, brillante, variado, iluminado...se me acabarían los adjetivos para describirlo porque es una obra maestra absoluta, indiscutible...y mira que estaba mas que enganchado a Badmotorfinger pero hay que reconocer que es su álbum definitivo para llegar a lo mas alto.

    Mi favorita 4th of July. Gran prosa bro'!!!.

    Por cierto, mi mujer no tiene demasiado problema cuando saco jamonas, tampoco es que le interese mucho el mundillo bloguero (aunque sabe de sobra mis comtenidos) por lo que no me controla demasiado je, je, je.

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  14. Gonzalo, tomo nota y te doy la razón... creo que es momento de hacer lo que dices y encontrarme con una época un tanto desconocida para mi para seguramente sorprenderme gratamente con lo que me espera...

    Abrazo.

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  15. Un álbum fascinante, como todo lo que ocurrió entre 1990 y 1995.
    Para mi Superunknown es el álbum donde Soundgarden encuentra la madurez y la trascendencia. No se si es el mejor, algunos preferirán Badmotorfinger, yo en lo personal me quedó con el INCREÍBLE Down on the uptside , pero es Superunknown el álbum donde Soundgarden mezcla todo (garage, visceralidad, hard rock, técnica, líricas, oscuridad, etc) y lo eleva a la décima.

    ¿Sus pecados? El exceso de temas, hasta la 12 el asunto es de otro planeta, las últimas cuatro redundan y le bajan el nivel. También el haber llegado algo tarde a toda la movida comercial, lo cual les impidió ser parte del mito y haberse quedado en un segundo plano frente a lo que fue Nirvana o Pearl Jam. Pero nada de eso quita que este subvalorado disco (y el siguiente) estén entre lo mejor que esa década.

    Lo del reciente regreso, lamentable, mejor ni mencionarlo.

    Un abrazo, saludos! Ya se vendrá en mi blog la reseña de aniversario de este álbum.
    Esteban
    http://politomusica.blogspot.com

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