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domingo, 14 de septiembre de 2014

Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco; y ése era todo su patrimonio. Con esa frase empezaba Rafael Sabatini su libro más aclamado, Scaramouche. Es cierto que en todos los genios siempre hay como una impostura, una capacidad innata de crear polémica para luego alimentar el mito. Lo bueno de éstos -si es que se le puede añadir, precisamente ese adverbio- es que ayudan a iluminar vidas. ¿Lo malo? En la incesante búsqueda de querer mediatizarlo todo, como sucede en las relaciones sociales o de pareja, cuando un elemento es suprimido o alterado sustancialmente, se produce el fraude y, por ende, la insatisfacción. La mitomania en el Rock es excesiva, y cada vez aumenta más. De repente, muchachos que no han tenido la oportunidad de escuchar la música de Joy Division o Nirvana en su contexto, hablan con una suficiencia sobre Cobain o Curtis  pasmosa, así como la interpretación de sus letras que a uno lo dejan totalmente muerto. Uno no sabe si es que era idiota cuando era más joven, o es que las nuevas generaciones saben ya demasiado. Y lo dice el autor de este blog, un chico de veinticuatro años. Hace un tiempo conocí a un muchacho que decía haberse escuchado gran parte de la discografía de Frank Zappa -para quien no sitúe la obra del genio de Baltimore, cuando murió, se le atribuyeron, nada más y nada menos que setenta discos-, y yo me pregunté si habría vivido, sería feliz  y disfrutaría la música o, si por el contrario, sólo era un impostor; si en su afán por querer ser diferente, se había creado un personaje y construía su identidad a través de aquél. Cuando has pasado, en tu vida, por momentos críticos, te vuelves terriblemente duro, que no insensible, pero sí sabes administrar mejor tu tiempo y, especialmente, a quién se lo dedicas. Un nuevo universo se abre, otro se cierra, y en medio de esos dos polos, se encuentra la incesante busqueda de un equilibrio que te vuelve insano en ocasiones. Aquel chico se encontraba así, seguramente, lo que pasa, es que es muy dfícil que miremos tras la máscara y nos aventuremos a conocer. Con los genios sucede lo mismo, podemos hablar mil veces, alimentar toda una serie de rumores -¿absurdos?- que, al final, sólo saben ellos, a ciencia cierta qué es lo que ha sucedido, porque ni siquiera los que les acompañan lo saben. Una de las grandes desdichas del ser humano es la de convivir años y años con una persona y no conocerla nunca. Los hombres saltan continuamente de un espacio a otro sin darse cuenta, y son tantas las vidas que albergamos en nuestro interior, que abarcarlas todas, cuesta.



Peter Gabriel es un ejemplo de la frase con la que concluía el último párrafo. Se veía desbordado, desde que era joven por el desdoblamiento de personalidad escénico y en el personaje que el propio Sabatini creó. Él es un genio tal como lo era Lennon, Hendrix, Jones, Joplin o Morrison, con la salvedad de que no está muerto. Ahora que está de moda morirse y, a ser posible, hacerlo con mal gusto, parece que haber aguantado las embestidas del tiempo te convierte en un carcamal y en alguien sin tener nada que decir. Afortunadamente, con el genio de Surrey no sucede eso. Alucino cuando hay idiotas que creen que un mundo de paz como el que anhelaban Lennon y Morrison, y millones de chicos se ponen sus camisetas y copian sus frases en Instagram o en Twitter o lo peor de todo: se las creen y no conocen Biko, Sledgehammer, Family Snapshot, San Jacinto o Don´t Give Up. Lo mismo sucede con los ciudadanos de un lugar llamado mundo, tan cultos y cosmpolitas ellos. Por no hablar del ciudadano de a pié, especialmente los de mi generación -la del 90, y no hablemos de las posteriores-, que por no saber, no saben ni quien era Cervantes, y son pocos los que conocen a Genesis. Y qué triste, porque se pierden, entre otras muchas maravillas como su ópera prima en solitario: el espectacular Peter Gabriel I -Car en alusión a la portada-, el debut del gran camaleón del rock junto con David Bowie. Bien, situémonos. En posts anteriores habíamos hablado de Genesis y Foxtrot y de cómo asaltaron la escena británica. En el mismo año 70, el progresivo eran Pink Floyd y King Crimson; y ellos empezaron a revertir la situación no sólo por una música compleja y grandiosa, sino por un concepto y una escenificación de escandalosas proporciones. Para cuando ya habían salido Nursery Crime y Selling The England By The Pound eran ya estrellas de la misma magnitud que el combo liderado por Waters y Gilmour. Y cuando firmaron The Lamb Lies Down On Broadway o lo que es lo mismo: el mejor disco de rock progresivo de la historia y uno de los diez mejores álbumes de los setenta, aquello ya se hizo irrespirable. La democracia en el grupo fue evaporándose, y, en medio de todo esto, dos egos: el de Phil Collins y el de Peter que chocaban continuamente. La solución era perentoria y, quizás, cortante, pero era necesaria: salir del grupo. Peter se fue cuando, precisamente, Genesis estaba marcando una generación, pero comprendió que más que la fama, había que valorar más los ideales propios, y él no iba a socavar los suyos para que todo el mundo entendiese el concepto de su propuesta Fue honesto, demasiado, quizá, porque hubo fans que no le entendieron: lo fácil habría sido fingir, extender la mano para recibir cheques, sentarse en una butaca y que tu manager te diga que tu disco es triple platino en USA, no: lo que verdaderamente hace grande a un artista y a una persona es la capacidad de inventarse continuamente y saber que los días se consumen y se escurren como arena entre los dedos, y que la vida, a fin de cuentas, sólo es superarse a uno mismo, y que cuando una ilusión está intacta, tanto el cuerpo y la mente están activas.



Como era normal, estaba dolido. No entendió por qué renunciar a un sueño que perseguía desde la adolescencia, en esa época en la que, junto con con Rutherford y Banks, cuando ensayaban en el instituto, anhelaban ser grandes, dejándose el alma para realizarse como músicos y llegar a labrarse un nombre. Cogió sus maletas, se fue a Surrey, y allí se puso a meditar en el siguiente paso. Lo que sí que tenía claro era una cosa: no iba a ser Peter Gabriel, el ex-cantante de Genesis, sino Peter Gabriel el chamán, el brujo, el único protagonista de su vida. Los tiempos de los disfraces de emperador romano y extraterrestre quedarían atrás. Pero, sin embargo, Car iba a ser, desde una óptica totalmente distinta, el equivalente sinfónico de Station To Station de David Bowie: el reflejo de un músico que se sentía asfixiado en una banda y de un entorno cada vez más hostil y que, en solitario, buscaba la huida hacia delante, la autorrealización en medio del caos. Y la portada del álbum, con el propio artista, adormecido en el interior en el interior de un Lancia Flavia de los setenta, con ese rostro mortecino resquebrajándose poco a poco, reflejaba a la perfección la deriva de una vida consagrada al esfuerzo y que trajo, consigo, la desunión de aquellos músicos a quienes quería y el ascenso incontestable de un Phil Collins que buscaba hacer un rock mucho más ligero distanciándose, poco a poco, del sonido progresivo así como los elementos del folclore británico que la propia flauta de Peter proporcionaba. Cuando salió de la banda, aduciendo problemas creativos, sólo contó la verdad a medias: la admiración por parte de sus compañeros se tradujo en envidia cuando éste escribió la mayoría de las letras y música en ese descomunal The Lamb Lies Down On Broadway. Aquello, unido con el nacimiento de su hija, la negativa del propio vocalista a salir de gira y seguir grabando para atender sus obligaciones como cónyuge y padre, precipitaron su salida. Cansado ya del negocio, las giras, representantes, managers, regalías, representantes legales y, sobre todo, de Phil Collins, decidió irse y dejar su vida en punto muerto.



Durante ese tiempo en que decidió no hacer música, muchas cosas habían cambiado: el rock progresivo alcanzaba su cenit, sus ex-compañeros habían sacado dos álbumes correctos sin más como A Trick of the Tail y Wind & Wuthering y se limitaban a hacer giras simpáticas, sin el acicate que el propio Peter aportaba, como showman, con esos disfraces, su poderío escénico y esa prodigiosa voz; de repente, Genesis se había convertido en una banda anodina, liderada por un buen batería, pero que no tenía esa pasión animal que ponía su predecesor en la interpretación de los temas. Los de Surrey, los más ambiciosos y arrogantes del rock sinfónico estaban liderados por un cantante que, auténticas bombas como The Lamb Lies Down On Broadway y Supper´s Ready las interpretaba en chándal, con las manos en los bolsillos, mostrando el mismo entusiasmo que el portero en un edficio en barrer un rellano o un funcionario sellando los papeles del paro. Mientras acontecía todo esto, ya tenñia más que meditado cómo iba a ser su primer paso en solitario. Contó en la producción con Bob Ezrin, un profesional que ya había producido la tetrología dorada de Alice Cooper y su banda -Love It To Death, Killer, School´s Out y Billion Dollar Babies-, uno de los grandes álbumes de KISS en los setenta como Destroyer y su renacer a principios de los noventa con Revenge o el sensacional e hiriente Berlin de Lou Reed le convencieron para la incesante busqueda de un disco que le recordase quién era él y no quién era su banda. También es cierto que el artista sacó una faceta que con Genesis no había explorado: su feminidad. ¿Os parece raro? Cuando os lo explique, no tanto.




Muchas veces en Genesis, aparte de artista parecía un cómico. Cuando dejó de ser el vocalista en una banda y en dejar que su centro girase en torno a sus ex-compañeros para centrarse en sí mismo, dio rienda suelta a todo su andamiaje emocional. La conversión de trovador a lirista precisaba de la capacidad del propio músico de saber que, si quería darle una nueva dimensión a su música, tendría que deshacerse de ese carácter británico y esa moral victoriana, rígida y opresora para liberar un caudal emocional fruto del flagelo que había sufrido en los colegios e institutos en los que estudió. En otras palabras, Peter Gabriel aprendió en Car y durante toda su carrera en solitario a proyectar una sombra que caminase en paralelo con él, que reflejase quién era como individuo, no lo que la audiencia pensaba sobre su persona. El cambio no sólo se produce en lo lírico, en la instrumentación de sus canciones, sino también en la representación visual de sus actuaciones. Ya no usaba disfraces, no inventaba historias surrealistas: la propia voz, nacida de la represión, de la falta de autocomplacencia emocional, así como las variaciones de su entorno y el perenne miedo -humano, cuanto más artístico- a la soledad absoluta, sacó un lado más sensible y frágil; y si se usa la palabra femenino, para nada es por machismo, pero en una época como los setenta, donde lucir tu faceta más cercana y dulce, era sinónimo de ser homosexual o parecerlo, era un reto. El primer éxito de su vida como solista fue el de componer en torno a su sentir como humano, Y su primer disco reflejaba a la perfección cómo y cuantos cambios operan dentro de nosotros sin darnos cuenta. Basta un hecho traumático para que el propio yo se rompa y tengamos que empezar a conocernos de nuevo. Cuando Troya arde, nada tienes que perder. Y eso lo aprendió a la perfección. Para la realización de su primer asalto, buscaba músicos enérgicos y eclécticos, y es aquí cuando entran las figuras de Robert Fripp y Tony Levin. O lo que es lo mismo: más del setenta y cinco por ciento de los geniales King Crimson. Cuando éstos accedieron a ser músicos suyos, ya se encontraban bastante cansados del rock progresivo; el Rey Carmesí decidió tomarse un descanso, momento en que ambos explorarían nuevos sonidos, especialmente el afamado guitarrista, que aprovechó el 'break' para hacer una música más directa y vanguardia. Su carácter elitista se alejó de un sonido más pomposo para apostar por uno más natural antes de que, literalmente, diera una exhibición en el álbum Heroes de David Bowie. Lo mismo se podía decir del bajista, quien ya había trabajado con Lennon en I´m Losing You y buscaba divertirse y no en componer grandes suites de más de quince minutos basadas en el jazz de Chicago.





Y así es Peter Gabriel I: espontáneo y fresco, fruto de la americanización de su música ayudado por su conciencia como músico europeo. Es tan ecléctico, que no sabe uno si está escuchando Rock, Pop, Folk, música clásica británica o music hall. La apertura con Moribund The Burgermeister -título extraído de Así Habló Zaratrusta de Nietzsche- ejemplificaba la ruptura y el comienzo de una nueva era. Las referencias escénicas y líricas a su anterior banda aún se encuentran presentes, más o menos, en cierta medida; no así la música, más contundente a la par que vanguardista, anticipaba el cambio. Lo mismo se puede predicar de Here Comes The Flood y la impresionante habilidad del de Surrey en desatar el caos y en congraciarlo con la dulzura del sonido de piano. Entre esa marisma atemperada por el peso de los recuerdos y de la levedad de la vida, es capaz, incluso de volverse terriblemente dramático. Por fin buscaba lo que encontraba: la música como expresión del dolor y las canciones como una paleta en las que pintar el lienzo de su propia desdicha con un Fripp descomunal en el solo de guitarra. Modern Love, Excuse Me o Hundrum cumplen su función de composiciones bisagra a la perfección: en ellas se unen el dramatismo natural de sus vivencias personales recientes así como el comienzo de una nueva era en el que el sonido progresivo entraba, momentáneamente, en el estertor de su majestad y el Punk y la New Wave iban avanzando con paso firme -un año después aparecería en directo con la cabeza rapada abrazando los nuevos tiempos de la música británica-, para dar paso a la mastodóntica -en todos los sentidos-, Down The Dolce Vita y su espectacular ritmo orquestado y apocalíptico para luego desmarcarse con otros émulos de la música de Talking Heads. Una muestra más de cómo con la música de este hombre, uno no sabe qué rumbo va a tomar Si Hitler hubiese vivido y querido invadir Polonia a finales de los setenta, sin duda, se habría puesto la introducción de esta canción. Cortes como Waiting For The Big One ironizaban sobre la búsqueda incesante de estrellas en el mundo de la música y de cómo ésta, a veces, exprime demasiado a los músicos sin pararse a pensar en su condición de humanos. Excepcional esa mezcla entre Blues, Rock n Roll clásico y Vodevil en uno de sus temas más ácidos. ¿Y cómo dejar de lado Solsbury Hill? La composición que le lanzó a la fama en solitario y que mejor ejemplificaba su conversión de mito a humano. Rara vez sonó más sincero en una de las mejores canciones de la historia de la música, y no son pocas las personas -entre ellas quien escribe estos párrafos- a quienes, alguna vez, se les ha saltado una lágrima oyéndola. Las guitarras acústicas en clave Folk, la percusión inteligente y elegante de Alan Schwartzberg consiguen crear un ritmo místico en el que el autor explota y explica por qué abandonó Genesis y cómo era su situación en aquel momento.




Como sucede con canciones como One de U2, Bobby Jean, de Bruce Springsteen o Nothingman de Pearl Jam, Solsbury Hill exploraba ese lado de las relaciones que, parece ignorarse como es el de la postura del que abandona respecto al abandonado. Todos dejamos personas atrás, y con ellos, momentos que fueron bellos y que se pierden, pero el mejor ejercicio que uno puede hacer es saber cuando irse y poner el punto y final tanto en el amor como en la amistad. Peter lo entendió a la perfección. No actuaba ni declamaba cuando, con frases como To keepin' silence I resigned, My friends would think I was a nut, Turning water into wine, Open doors would soon be shut, So I went from day to day, Tho' my life was in a rut, Till I thought of what I'd say, Which connection I should cut, I was feeling part of the scenery, I walked right out of the machinery demostraba cómo era el ambiente en el que vivía en sus últimos días en Genesis: la soledad, el rencor de sus compañeros, los viajes separados y la necesidad de escapar y buscar en la soledad el mal que le producia el haberse convertido sólo en una máscara y en un tunante cuando, en realidad, sólo era víctima de una deificación absurda por parte de prensa, músicos y el populacho. Siempre hubo un Solsbury Hill entre nosotros a la espera de ser descubierto y con ello, la capacidad de decidir si querer avanzar en la vida a costa de empezar de cero, o bien la de querer reavivar el fuego de una llama que hace mucho tiempo se apagó. Biográfica, como la mayoría de las grandes canciones, suenao tan fresca y moderna como en 1977, y la prueba es la cantidad de películas y músicos que dicen revisitarla. Car fue un éxito absoluto y la respuesta racional ante los baches que se nos presentan en la vida y que el propio artista sortéo con naturalidad y maestría. A partir de este trabajo construiría una música edificada en la innovación, presentaciones escénicas alucinantes, letras que iban desde la denuncia social, el amor como salvación a historias de stalkers al más puro estilo de las primeras películas de Brian de Palma o la implicación creciente en los problemas mundiales, convirtiéndose en uno de los iconos de Amnistía Internacional y en profundo activista por los Derechos Humanos. Rara vez dejó a nadie indiferente. Y sólo hay que ver cómo con sus sesenta y cuatro años cumplidos, aún conserva el mismo toque en directo que le hizo grande a lo largo de más de cuarenta años de carrera.












14 comentarios:

  1. Me parece muy interesante tu primer párrafo, imposotor...todos lo somos un poco y que vivimos varias vidas es un hecho, creo que la reflexión es interesante y de envergadura.
    En cuanto a Peter Gabriel, nunca ha estado en mi onda, o yo no he estado en la suya no lo se, como tampoco lo he estado en a de otros protagonistas de tu excelente entrada, ni Pink Floyd ni King Crimson me han sacudido, pero la entrada me ha parecido didactica y he aprendido cosas que desconocia y que lo mismo me animan a acercarme al rock progresivo, palo que desconozco totalmente.
    Gran reseña, salud y rock.
    Abrazos.

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  2. Solsbury Hill es preciosa. Gabriel es muy bueno interpretando canciones en plan romántico. Escucha su último disco en directo, te va a dejar muerto. ¡Un beso!

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  3. Totalmente de acuerdo en casi todo. Gabriel era Genesis, no hay más que ver el camino qie siguió la banda tras su marcha. Y este primer disco es toda una revelación, aunque en el caso de este hombre es muy difícil elegir un solo disco entre sus primeros cinco o seis; por no hablar del doble directo, una joya tremebunda.

    Luego ya, como casi todo el mundo, ha ido perdiendo fuelle. Pero aun así ha mantenido el tipo con mucha más diginidad que la mayoría.

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  4. Pues voy a discrepar Genesis no era Gabriel, Gnesis era Phil Collins, Rytherford y banks que furon quines comandadaron el barco. No olvidemos que estaba Hackett también en epoca de Gabriel. lo que no hay duda es que como suele pasar en grupos longevos existen etapas más o menos agraciads y sin duda (no creo que haya bnadie con un minimo gusto que no lo defienda) la parte de Gabriel y Genesis es la mejor. la que ha llevado a la gloria

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  5. Desconocía los motivos de su salida de Génesis.
    Siempre pensé que había hecho bien,que yéndose lo había acertado.
    Fue consecuente pues y valiente de abandonar el barco.
    Lo hizo a tiempo.
    Yo también opino que el grupo no fue lo mismo sin él.

    Pensaba que era un buen músico,veo que también desbordaba inteligencia emocional.

    Besos

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  6. Esta bien en general, pero te equivocas en mostrar a collins como el mñmotivo de su salida de la banda, banks y rutheford fueron siempre los compositores base de genesis, collins recien aparecio con una composicion suya en el disco duke, con misunderstanding. Y otra cosa, collins acepto llenar el puesto de vocalista solamente porque nadie mas pudo hacerlo. El resto me parece bastante acertado e interesante. Saludos.

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    1. Buenas tardes, anónimo. Sí, sé que eran cuatro grandes músicos, pero, de todos modos, hay discos como 'The Lamb' que son autoría casi total de Gabriel. Hackett, Rutherford y Banks eran muy buenos, incluso destaco las habilidades de Phil a la batería.

      Lo que no me gusta es cómo manejó la banda y la necesidad de convertirle, bajo mi humildísimo punto de vista, en una banda muy cutre. Muchísimas gracias por tu comentario, aquí siempre serás bienvenido, tanto para lo bueno, como para lo malo. Un cordial saludo.

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    2. Sobre como se hizo el TLLDOB la siguiente es una buena referencia http://www.mundorock.org/view.php?type=5&id=71 muchas de las letras son de Gabriel pero no asì la musica

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  7. Gran entrada, colega. Sé que no guardas las mejores opiniones acerca de la era Collins puesto que no lo toleras. Aunque yo sí disfruto con su trabajo, creo que es entendible tu punto de vista porque Gabriel sí añadía unan cuota de individualismo y genialidad que el pelón simplemente no podía aportar.

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  8. Siempre he admirado a Gabriel, por su valentía y honestidad, la cual se demostró con su salida de Genesis y posterior lanzamiento de "I" (más conocido como "Car"), un álbum inquieto, fantástico. Junto con "III" es mi favorito dentro de su primera etapa en solitario. Lo increíble de Gabriel es que en los 80's decidió darle un giro a su carrera, dejar de ser el intelectual, profundo y alternativo para pasarse a la masividad con "Us/So" y aún así el tipo sale tremendamente bien parado.

    Con el paso del tiempo su carrera y voz se han ido apagando, en 2002 tuvimos ese depresivo (pero exquisito) "Up" y de ahí el hombre se ha dedicado más que nada a vivir del recuerdo. Se le perdona por supuesto, es un grande, un gigante , un genio en vida tal como mencionas en tu reseña y que bien haces en recuperarlo porque hay muchos que se lo siguen perdiendo.

    Tiempo atrás en mi blog realicé un especial de tres partes en que hablé de la carrera de Peter Gabriel, lo dejo para quien desee adentrarse un poco en la carrera de este genio.

    http://www.politomusica.blogspot.com/2013/07/peter-gabriel-1ra-parte.html
    http://www.politomusica.blogspot.com/2013/07/peter-gabriel-2da-parte.html
    http://politomusica.blogspot.com/2013/07/peter-gabriel-3ra-parte.html

    Saludos!
    Esteban.

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  9. Este blog merece un premio ya!!!
    Cada post tuyo es un regalo.
    Por lo que cuentas y por como lo cuentas.
    Gracias por tu esfuerzo.

    Saludos.

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  10. Hay tanto genio a nuestra disposición contemplativa que es fácil perder la atención sobre el propio, el que cada uno llevamos dentro. Disculpo a los jóvenes.
    Peter Gabriel lo tenía, vive dios, y esos discos coronados por esa cumbre llamada The Lamb Lies Down On Broadway lo corroboran mejor que nada. Sin duda el el grupo fue otra cosa después de su marcha aunque desconfío de la idea de que Phil Collins sea el malvado de la historia. Deberíamos no caer en las trampas del maniqueísmo que tanto se usan en las mitologías del rock. En muchas ocasiones son productores, managers y demás fauna los que cambian la trayectoria de un grupo.
    Buen texto, un abrazo

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  11. Gabriel es un genio en el sentido más mágico que pueda llegar a tener el término; se nota que has alcanzado a apreciar su arte como la merece, gracias por las palabras que bien explican este sentimiento, saludos!

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  12. Pocos cómo Gabriel , y en muchos aspectos . Persona comprometida con la música y con la sociedad . Artista de vanguardia con todas las letras .Sensible e intelectual por igual . Hasta ha sabído envejecer con naturalidad . Un genio. Larga vida al arcángel del rock !!!

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