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martes, 30 de septiembre de 2014




Iosu, Juanma y Pako, miembros de Eskorbuto, oriundos de Santurce, situada en la margen izquierda del río Nervión, ejemplificaban a la perfección la miseria económica, la rabia y la tristeza de todos aquéllos que se vieron afectados por la susodicha reconversión industrial. Punks antes que seres humanos, y filósofos del caos y el desconsuelo, pronto entendieron que la enfermedad de la sociedad no sólo era fruto de una historia en común, sino también de la inacción del gobierno central y el autonómico. Detestaban tanto a España como a Euskadi. Y rápidamente demostraron su odio hacia su tierra cuando, en aras de la Ley Antiterrorista de entonces, prácticamente juzgados de antemano y sin ningún tipo de garantías, pasaron treinta y seis horas incomunicados en prisión cuando fueron detenidos a las afueras de la ciudad de Madrid. En su haber poseían varias maquetas en las que figuraba su amor por las instituciones estatales, la policía y la Guardia Civil, quienes sólo les detenían por su aspecto, y porque sabían que, en una Euskadi donde la izquierda y la derecha no podían ver a los Punks, ejercer cualquier medida represora en territorio hostil era un acto de reafirmación y de  ejercicio de la autoridad basado, más bien en la propia "peligrosidad social", que en la seguridad ciudadana. Nunca olvidaron cómo sus compañeros de escena y Egin, aquel diario que cantaba las bondades de aquellas bandas que decían lo que ellos querían oir, no movieron un dedo por ellos. La experiencia de los de Santurce en prisión fue claramente reveladora: pronto entenderían que la falsedad y la insolidaridad no entiende de banderas e ideas políticas y que el compañerismo era sólo ficción.  No obstante, ya habían tenido problemas con los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado; su aspecto y vestimenta, absolutamente demencial, pronto llamó la atención, concretándose en una serie de pequeñas detenciones que recordaban más bien a leyes de represión de la II República y el Franquismo como la de Peligrosidad Ciudadana y Rehabilitación Social y la de Vagos Maleantes que al propio articulado de la Constitución. Su actitud tan abiertamente Punk y beligerante les llevó a robarles los instrumentos a La Polla Récords para poder tocar ellos, siendo esta acción el inicio de una rivalidad que se perpetuó en el tiempo, al menos en el tiempo en el que los de Santurce estuvieron inmersos en el panorama musical hasta que la heroína se los llevase del mundo de los vivos.



También llevaron a cabo simpáticas e incendiarias campañas de índole político como esa demencial idea de querer reunir las firmas necesarias para poder constituirse como partido político y poder así presentarse a las elecciones, imitando a ese Frank Zappa desgarrador y demente que también quiso ser presidente de los Estados Unidos en su momento. Ese Ya no quedan más cojones, Eskorbuto a las elecciones, segundo EP de su carrera, se convirtió, crudeza y antiretórica aparte, en un acontecimiento que, desgraciadamente, quedó en letra muerta debido a las tretas de el Sistema. Tenían ya casi las firmas necesarias, pero el adelanto de la fecha de los comicios, truncó, cuanto menos, una iniciativa curiosa y que podría haber animado, siquiera, un juego democrático inexperto y miedoso a la hora de acoger aquello de "la España plural". Para ellos, el rock nunca tuvo patria, ni española ni vasca; profundamente errantes, alienígenos y enfrentados con Cicatriz, Barricada, La Polla, Kortatu, el citado diario Eguin, calificados por ellos como "Ratas miserables cuyo objetivo es el poder y lamerculos como todos los medios de comunicación", sufrieron en Euskadi la soledad del héroe que no tenía interés alguno en ejercer de gudari ni de servir a ésta. De toda su trayectoria musical, quizás Anti Todo, lanzado en 1986, se convirtió en el cenit y el sanctasantórum de un estilo, el suyo, en el que criticaban, en medio de ese trasunto político y frilosofía nihilista, el propio concepto de Rock Radikal Vasco, la Herri Batasuna que adoctrinaba ideológicamente a los grupos del movimiento y conseguir, dicho sea de paso, el apoyo de la juventud más radical y desesperada. Recogido por dos casas discográficas de forma casi simultánea, demostraba la perenne lucha de los bilbaínos contra los elementos; al mismo tiempo que Eguin intesificaba su campaña en su contra, la ira y la mordacidad aumentaba. No les incomodó lo más mínimo; conforme el veto aumentaba y las críticas eran más virulentas, pensaban que si alguien podía silenciarlos, tendrían que matarlos.



 Sin embargo, las fuerzas empezaron a decaer, y proféticamente, todas aquellas aseveraciones que hicieron sobre la muerte, de forma macabra, cogían más y más forma. Se volvieron terriblemente oscuros, sus apariciones públicas se espaciaron cada vez más y empezaban a dar signos evidentes del cansancio que toda una década de encarcelamientos injustos, palizas por parte de policías, rivalidades sostenidas había propiciado. Empezaron a padecer de una tristeza acuciante que nunca mostraban a los medios pero que, poco a poco, se apoderaba de sus corazones. La ilusión con la que empezaron poco a poco se fue diluyendo, y esa adicción a la heroína empezó a pasar factura no sólo en el ámbito físico, sino que el psicológico, el punto fuerte de los bilbaínos, se iba deteriorando. Ellos, conscientes de su decadencia y de esa muerte que, implacable asumían como el eje de toda su vida y fuerza motriz de sus composiciones musicales, les obligó, precisamente, a un ejercicio de lucidez pasmoso. Por un momento, la crítica política remitió, por momentos para atisbar, no sin morir matando, por supuesto, unas letras donde la muerte, como si de una poesía de Dylan Thomas se tratase, retrataba a una banda muerta en vida, pero que no quería irse del mundo de los vivos sin dejar su impronta. Habían vivivido demasiado y sufrido como para bajar los brazos del todo. Y así es cómo nació Las más macabras de nuestras vidas, lanzado en el año 1988.



Lo primero que llama la atención del trabajo es la atmósfera: densa, opresora a la par que cortante y sucia. Lo podrían haber forjado perfectamente desde ese infierno que sabían que pronto visitarían que en el purgatorio que el resultado habría sido, esencialmente, el mismo. El pasado era una losa y un enorme fardo que no podían levantar, y el presente, ¿qué decir del presente? Muchos conciertos acababan con Iosu y Jualma tocando y cantando de rodillas porque, literalmente, sus cuerpos no daban más de sí. Esa especie de decadencia se traduce en composiciones totalmente desconcertantes. Diversas crónicas de la época, a cuya opinión me adhiero, hacían referencia a la habilidad de escapistas de los de Santurce: cuando pensaban que eran ya una banda obsoleta y arcana en sus principios, de repente, aparecían con un trabajo en la que el factor sorpresa volvía a aparecer revestida de ácidez solapada con el dolor y el aliento cada vez más débil de quien se sabe ya con la Parca acechando. Lo de menos, quizá sea el análisis musical de los temas, sino el cómo, una vez más, todo aquel que se enfrente al poder establecido como ellos, vuelve a fracasar y a estrellarse frente al frío muro de la represión contenida y el llanto ahogado en la frustración. El álbum está perlado, prácticamente, de ese sentimiento de derrota y casi sumisión absoluta a ese vórtice de autodestrucción, reflejado en todas las canciones del álbum. Las composiciones, asumidas por Iosu, quien ante los cada vez más graves problemas físicos de Juanma, tuvo que tomar el rumbo tanto lírico como musical. Canciones como la que abre el disco, Rock y Violencia, Sangre o La última Pelea significaban la lucha, cada vez más enconada a la par que débil de tres músicos cuyo pacto con el Diablo ya estaba empezando a romperse poco a poco; sin embargo, antes de ser amortajados y caer en el endémico olvido con el que España lleva obsequiando a sus artistas, la poesía lanzada en forma de furibundos libelos contra su "amada" Euskadi en Pelos Largos, Caras enfermas, donde una vez más, denuncian, con una poesía atroz en su estribillo la farsa del llamado Estado de Derecho y cómo el Estado de Bienestar para las clases humildes fue la retórica política a la que debían agarrarse si querían que su vida no fuese más lóbrega y mísera.



Tras Iros a la Mierda, donde Jualma, al fin, pinta un sencillo panorama musical alimentado de suaves y rítmicos acordes de bajo que auspician una furia más contenida, dando paso a la que, para el que firma el artículo es su obra cumbre como grupo junto: Las más macabras de las vidas recoge a la perfección todo la sorna y procacidad de los de Santurce mientras buscan una identidad que creían haber perdido a lo largo de las sesiones de grabación debido a los problemas psicológicos y físicos. Con una música enraizada en los valores más bien propios del Punk-Rock que del propio Punk originario, consiguen transmitir la sensación de desarraigo que acompaña en esos momentos en los que la vida, lejos de convertirse en una solución, se torna en un problema, como sucede en los Felices días de tu vida o Sangre, dos cortes devastadores y misántropos que, en La última pelea recoge una preocupación capital de la vida del ser humano: saber si la resistencia, en realidad sirve para algo, como decía la famosa frase del Premio Nobel de Literatura irlandés Samuel Beckett -Da igual, prueba otra vez. Fracasa más. Fracasa mejor o si, en cambio, lo más inteligente sería abandonarse a la tristeza, la soledad, el fracaso y a los errores que pueblan nuestra existencia. Que corra la sangre y Cántame una canción destacándo principalmente, esta última de la mano un ambiente quizá más místico y menos mezquino especialmente en su mensaje. A fin de cuentas, cada uno escoge las armas con las que hacerle frente a sus problemas a la vida; y ellos eran conscientes de que sólo les quedaría la música cuando ya no quedase a quien amar u odiar. Y ese patrón de pensamiento se recogería, posteriormente en Demasiados Enemigos, lanzado en 1991, de gran calidad también, pero en el que ese dédalo de desventuras y heridas que habían sido sus vidas acabó en 1992, cuando Iosu murió en mayo, con sólo treinta y dos años o el entrañable Jualma, apenas cuatro meses después. Las muertes de Iosu y Jualma eran cuestión de tiempo. Vivos representantes de ese eslógan frío y desangelado del "No future" que rezaban los Sex Pistols, encontraron en el reposo en la muerte, la tranquilidad que nunca gozarían en vida.



¿Qué decir de ellos? Normalmente, en España, tenemos esa fea costumbre de criticar lo nuestro y ensalzar todo aporte extranjero. Sigo pensando, a día de hoy, que fueron la mejor banda de Punk de la historia; diametralmente opuestos a la banda de Vicious y Rotten, que con el paso del tiempo, demostraron que fueron y son una de las mejores campañas de marketing de la historia, o a unos The Clash, que, en cierto modo, no estuvieron libres de las críticas debido a la falta de adecuación entre el mensaje que proclamaban y su música por la propia procedencia de un Joe Strummer quien, pese a practicar un punk más inteligente, quizás más elitista, ahondando en un elemento cultural en contraposición a otras bandas, como lo demostró su fanatismo por Federico García Lorca, siempre fue señalado por pertenecer a una familia de clase media alta. Los bilbáinos en cada canción y actuación daban sobradas de algo que ellos proclamaban abiertamente: la banda más honesta del mundo. Iniciaron un camino que las bandas posteriores no supieron seguir, susituyendo el mensaje revolucionario y crítico de los de Santurce por un partidismo exacerbado y una demagogia que ha conseguido desvirtuar un movimiento en estado de coma a día de hoy. Lejos de ponerse al servicio de la sociedad, las bandas Punks de los noventa -como algunas de los ochenta-, lo hicieron al de quienes pensaban sólo como ellos. He ahí el problema. Las canciones de Eskorbuto perviven, treinta años después, debido a una situación política que no presentaba muchas diferencias respecto a la de entonces. Con ellos, siempre nos quedará el consuelo de preguntarnos, como decía Arturo Pérez Reverte en La piel del tambor  aquello de "¿No se sintió nunca como uno de esos peones de ajedrez pasados, que se olvidan en un rincón del tablero y oyen apagarse a su espalda el rumor de la batalla mientras intentan mantenerse erguidos, preguntándose si queda en pie un rey al que seguir sirviendo?". Fueron, son y serán siempre una de las bandas más grandes de la historia de nuestro país; y que a nadie le quepa duda que si el Cielo o el Infierno existen, allí estarán ellos, lamentándose de ver cómo, treinta y seis años después, no hemos sabido construir una democracia y un país digno.


12 comentarios:

  1. Extraordinaria reseña sobre un grupo mítico del punk en este país y del proletariado joven de la margen izquierda bizkaina de los ochenta, de apocaliptico y heroino final son santo y seña del ochentismo punkarra. Anti Todo un disco elegendario y decadente hasta la grandeza.
    Gratos recuerdos me has traido amigo.
    Abrazo.

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  2. Con cada entrada te superas más, Álex. Muy interesante lo que cuentas del País Vasco en los ochenta. Besicos.

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  3. Hola amigo:
    Desde luego "Antitodo" es el disco del punk, no vasco sino hispano, el título ya lo dice todo.
    Un saludo desde el Alto Aragón.
    Jose

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  4. Partiendo de la base...que nunca me he metido en estas bandas. Tu texto resuza sabiduria. Nunca fui de grupos de musica radicales....Pero es un grupo que siempre he conocido de su existencia...desde que era un chavalin..
    un saludo.

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  5. Los que fuimos adolescentes en Euskal Herria en los años ochenta, Alex, escuchábamos a La Polla, Kortatu o Eskorbuto por igual, pero ya veíamos (al menos algunos) la gran diferencia de los autores de "A la mierda el País Vasco". Tienes razón en muchas de las cosas que tan bien glosas, pero a mí, a estas alturas, el nihilismo libertario de Eskorbuto no me dice nada (políticamente). Eso sí, la música me sigue gustando, aunque no tanto como la de Pistols, Clash o Ramones, claro. Una anécdota: yo canté con Los Sabañones —grupo formado por compañeros del colegio— "Cuidado" en 1989 ante cientos de incautos espectadores.

    Un abrazo, figura.

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  6. De Eskorbuto sólo conocía alguna canción.
    Coincido con tu pensamiento final...después de tantos años y vaya como está el percal...de pena.

    Besos

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  7. Mis felicitaciones por tan extraordinario y revelador artículo.

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  8. Sólo los conocía de nombre.
    Ahora una simpatía sin límites brota en mí para ellos.
    Voy a escucharlos.

    Saludos.

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  9. ¡Alucinante tus post tío! Yo, que he vivido todo lo que reseñas, que los he visto y sufrido, que los he odiado y a la vez, necesitado...siento que tus palabras transmiten eso que eran ellos y la esencia de un momento único e irrepetible en la vida y en esta tierra tan absurda y tan intensa.
    Me quito el sombrero, y me lo como ante vos caballero.

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  10. Impresionante entrada Alex. Eskorbuto es el punk, quizás llevado al extremo por las circunstancias. Críticos hasta la muerte no se dejaron domar. Sus trabajos infravalorados de lo mejor del punk-rock nacional. Saludos

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  11. El mejor grupo que ha parido Euskadi, el más original, atrevido y auténtico. Pero ¿qué voy a decir? Los llevo en el corazón.

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  12. Muy bueno el texto. Sólo comentar una pequeña errata; Eskorbuto jamás se enfrentó con Cicatriz, y sólo aceptaron formar parte del "tridente": Eskorbuto, Cicatriz y RIP.

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