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viernes, 18 de abril de 2014

Cultivamos la soledad como una planta; quedarse en casa es darle calor y llorar es regalarla. No sé hasta qué punto os gustará el rap. Lo que es a mí, nada. Sin embargo, ese fragmento que saqué de una canción de Xhelazz llamada La soledad comienza, me parecio terriblemente triste y evocadora. Mirad un momento a vuestro alrededor o asomaros al balcón y observad las caras de las personas. A simple vista quizás no veáis nada, pero cada uno de ellos esconde una triste historia. Conforme pasa el tiempo, uno se da cuenta que Internet ha sido y es un invento importante. Gracias a él podemos compartir nuestras aficiones, conocer a gente con gustos similares a nosotros y poder compartir con millones de vidas anónimas tu gusto por la música de los Beatles, por poner un ejemplo. Pero nadie suele hablar de la otra cara de la moneda: la cantidad de frustrados, reprimidos y de gente melancólica que necesita un ordenador para completar su existencia. Vidas vacías, quizás rechazos en el colegio, quizás dieron con la persona equivocada en su vida pensando que con él o ella las penas serían más llevaderas, soportables y que, cuando la derrota se avecinase -porque tarde o temprano siempre acaba viniendo, siempre tendrías un hombro en el que llorar; un beso que te aleja el frío y la congoja y te hace pensar que, bueno, aquí vamos a estar de paso, pero si nos abrazamos bien fuerte, puede que hasta merezca la pena pero todo se acaba difuminando con el paso del tiempo, y con él, la sensación de vacío y angustia se agudiza hasta tal punto que el cerebro humano teje su propia red de recuerdos y los saca a la luz en los momentos de mayor debilidad. No hay peor trampa que la propia memoria. Sin duda. Hay mucha gente que se mofa de esas personas que se pasan todo el rato en el ordenador, en las redes sociales, jugando a videojuegos o viendo películas y series. Lo que quizás muy pocos sepan es que, detrás de una pantalla del ordenador, muchas veces se suele esconder un alma vacía; un espíritu sensible que quizás no sabe que la verdadera lucha no hay que entablarla con los demás, sino con uno mismo. Cuando uno hace introspección descubre tantas cosas de su persona que a veces piensa en no haber nacido nunca.

La soledad que se tiene cuando se pierde al amigo; la sensación de desamparo y el puré de reproches que uno le hace a la ex-pareja cuando ha sido dejado junto con la agobiante sensación de querer saber qué hiciste mal y por qué actuaste así. La soledad es traicionera porque viene sin aviso previo y porque, una vez presentada a nosotros, nadie quiere saber nada. ¿Cuántas veces os habrán dicho aquello de no te dejaré pase lo que pase o que siempre estaré ahí? Muchas veces. Casi todas ellas a sabiendas de que el otro quedará solo y desamparado. Nadie se acuerda del que pierde nunca. Se necesita muchísima inteligencia y largos años de entrenamiento para poder disfrazar de artificio las propias emociones. Y aun así, nadie está exento de aquello. Me gusta García Márquez porque siempre me habla el corazón y habla de todo aquello que acabo de relatar de forma resumida. La gente que no ha buceado en él, especialmente los de la generación de mi querida Neon Furs y mía tienen un mal concepto de él porque les obligaron a leer en su día El amor en los tiempos del cólera, algo totalmente comprensible y que demuestra no sólo la inoperancia del sistema educativo, sino también cómo la clase política no sólo se aleja más y más de la realidad, sino que también muestran un perfecto desconocimiento de aquellas materias que le pueden interesar a los jóvenes. ¿Usted quiere incentivar al alumnado a que lea? Perfecto; pero no les ponga las aventuras y desventuras de Juvenal Urbino y Fermina Daza; en su defecto, que lean 1984El Conde de Montecristo Un Mundo Feliz, en la que se nos explica cómo hemos llegado a esta crisis en todos los sentidos, o cualquier otra obra didáctica. Pero obligarles a que lean uno de los grandes ladrillos y libros más complejos de Gabo es fomentar el aburrimiento y la desidia hacia la lectura. Es como querer iniciar a alguien en la música Metal con Burzum, Mayhem, Darkthrone  Emperor.


De Gabo hay cuatro libros de los que estoy enamorado: 1. Cien años de soledad. 2. Crónica de una muerte anunciada. 3. Noticia de un secuestro 4. El coronel no tiene quien le escriba. Y es con este último con el que iniciaré una serie de post repasando las obras, para mi gusto, más trascendentales del mejor escritor de los últimos cincuenta años. Cuando García Márquez acometió la empresa de querer escribir este libro, sufría uno de esos espasmódicos episodios de soledad que tanto aterran al ser humano. El libro nos habla de un coronel que, ya retirado, y haciendo gala de una ingenuidad y una docilidad asombrosa, se encuentra confinado en su pueblo, atado a las cadenas de los propios recuerdos. Allí esperará que se le dé la pensión que le corresponde como veterano del ejército, pero los años pasan, la vida se consume, los sueños se desvanecen y la pensión no llega. La angustia, por tanto, es cada vez menos llevadera. El libro, de poquitas páginas -un punto a su favor ya que no llega a las cien- se hace especialmente llevadero por la forma en la que Gabo maneja el pulso de la narración. Si hubiese que encuadrar esta obra, el calificativo que mejor le vendría sería el de realismo inmediato, contraponiéndose a la figura ficticia del realismo mágico de Cien Años de Soledad. Aquí, el colombiano, inspirándose en relatos populares como La Mala Hora Los Funerales de la Niña, inicia un somero camino para llegar al meollo de las ingentes cantidades de violencia que Colombia lleva padeciendo a lo largo del siglo XX. García Márquez, escritor vocacional y periodista de oficio, quiso pintar una especie de lienzo en la que su patria no sólo estaba hostigada por el hambre, las desigualdades sociales y la emergencia de una burguesía criolla que empezaba a erigirse como la élite política y económica de la época, sino también por la violencia de los oprimidos, de los que no tienen nada que perder y necesitan ser oídos, de los que no tienen futuro, de los que la existencia se reduce no a vivir, sino a sobrevivir de la única forma posible. En el Coronel no tiene quien le escriba  los hechos aparecen siempre de forma posterior a los hechos, dejando sólo su rastro, de ahí a que la reconstrucción de los hechos, tal y como sucede en Noticia de un Secuestro, sea una de las señas de identidad de García Márquez.


Este realismo inmediato que pretende hacer un extenso listado de problemas que asolan Colombia y que, por añadidura, se pueden extender a muchísimos países de América latina, se basa también en un estudio minucioso del personaje. El Coronel, un hombre parvo, adusto y melancólico vive ensimismado en sus propias heridas y en una letanía de lamentaciones propias de su aciaga situación. Hay una carga autobiográfica importante aquí, ya que, para la construcción del personaje, el colombiano se sirve de una experiencia personal acaecida cuando trabajaba en un periódico en la que vivió una experiencia parecida a la de su personaje. Se nota mucho el cuidado y la dulzura que el colombiano a puesto en este personaje haciéndolo dulce, dúctil; y al mismo tiempo, empequeñecido en su soledad. García Márquez deja aquí no sólo el análisis de uno de los sentimientos universales del ser humano aparte del amor, sino que repasa cuestiones vitales como la paciencia, la esperanza como motivo para vivir y un problema endémico de muchas democracias latinas -entre ellas, la española- como pueda ser la corrupción de la administración, aquélla a la que sirvio pero que se muestra reacia, parece ser, a reribuirle los servicios prestados. De todos modos, no es sólo un libro sobre la mísera vida del personaje, sino que el propio contexto histórico dibuja los contornos de éste a través de la Guerra de los Mil Días. Al mezclar los vestigios de este acontecimiento histórico junto con un texto buenísimo, la experiencia en la lectura se enriquece da vez más. Gabo, que siempre ha admirado a la mujer como soporte del hogar, de la familia y de fortaleza envidiable, moldea a la mujer del Coronel como una madre que arrulla a su hijo en los momentos de mayor congoja e incertidumbre.

 La vida va pasando, y conforme el Coronel se da cuenta de que, efectivamente, esa carta no llega y sus servicios prestados no van a ser retribuidos, su esperanza aumenta, y con él, las vanas ilusiones. Tremendamente paradójico que el ser humano necesite siempre nimiedades, menudencias y demás para poder aferrarse aunque sólo sea a un vano sueño. Precisamente, García Márquez ha querido reflejar eso y es una constante en la literatura hispanoamericana, pues el parecido, aunque superficial con Pedro Paramo de Juan Rulfo se puede percibir. El protagonista de Pedro Páramo busca a su padre desesperadamente, aunque sabe, en el fondo, que la tarea va a ser imposible. Lo mismo sucede con el Coronel aunque sólo sea por una mísera pensión. El paralelismo con William Faulkner, sobre todo en los temas centrales de la literatura del americano y el colombiano, reflejando la soledad de unos personajes que son conscientes de su aciago destino y, lejos de querer cambiarlo, se abandonan a él, arrullándose a la idea de morir sin tener la certeza de haber hecho nada en su vida, es palpable, sólo que mientras uno apostó por reflejar ese sur desposeído y olvidado por Estados Unidos, el colombiano ahonda en la idea de una América Latina frágil que nunca tendrá cambio. Incluso la propia soledad del protagonista, germinará en dolencias durante la temporada de lluvias. Otro elemento imprescindible del libro y que también fue una constante de Gabo en sus primeros años como escritor es el doloroso tránsito hasta la muerte. Aquí, la muerte se configura la incertidumbre del protagonista, muerto en vida, abandonándose a su destino, reflexionará superficialmente sobre una existencia del ser humano como una trayectoria vital hacia el lecho de muerte con la certeza de que sus objetivos nunca se han cumplido.


El libro a través de un marcado sincretismo, logra reunir las injusticias de América Latina -en el libro, el trasfondo político es palpable aunque sólo sea de forma ficticia en la indiferencia del gobierno hacia un veterano de guerra mediante trabas burocráticas-, la violencia contenida que proporciona la propia consideración de desamparado por el sistema y la resignación de la mujer del Coronel, símbolo de lucidez, equilibrio y de desesperanza. Ella sí es consciente de su fatum desde que comienza la novela. El Coronel, de talante un tanto quijotesco, se aferra a una idea y a un modo de vivir que, pese a consumirle por dentro, la mantiene ya por costumbre. Ésa es su única esperanza, de lo contrario, la muerte avanzará inexorablemente hacia él, rozándola con los dedos hasta que llegue la resignación y con él, el olvido, la sinrazón y la sensación de que nunca ha sido nadie en su vida. El Coronel no tiene quien le escriba es terriblemente bonitto, triste y melancólico; la manera con la que el colombiano juega con el lenguaje, coadyuvando esa sensación de soledad y desamparo con fórmulas como la contraposición del lenguaje usado por los personajes y el entorno tropical en el que se desarrolla la obra como es Macondo: el factótum de la obra de García Márquez y el firme reflejo de la violencia y abandono de la que es parte muchas veces América Latina. Un libro que deberíais leer y no porque haya hecho esta entrada, no, sino porque no llega a las cien páginas, es terriblemente bello y melancólico y porque la carga emocional es tremendamente fuerte y, en más de una ocasión os podéis sentir identificados con él. Y ésa es la grandeza de este libro y la de toda su obra. Un libro no dará de comer ni acabará con la miseria de este mundo, pero si cae en las manos correctas, puede abrir una mente, e, incluso, cambiarla. Y no quisiera recordar que ayer murió el colombiano. Uno de los personajes del siglo XX; y mientras escribo esto, me invade una profunda sensación de tristeza porque, cuando me eché mi primera novia, me introduje en su literatura gracias a ella, que me dejó El Otoño del Patriarca, y luego, una vez pasado, con el devenir de los años el rencor que nos tuvimos durante años, se acordó de lo mucho que me gustaba Cien Años de Soledad, y en una librería de Madrid, se gastó parte de su sueldo para regalarme un ejemplar forrado en piel, con comentarios del autor en la novela y creo que, me pareció el detalle más precioso que han tenido conmigo, y Gabo siempre defendió esos detalles, porque como bien dice en El amor en los tiempos del cólera: Dile que sí, aunque te estés muriendo de miedo, aunque después te arrepientas, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le contestas que no. Gracias, Gabo. Siempre serás eterno




14 comentarios:

  1. Preciosa entrada, Alejandro. Si Gabo la hubiese podido leer, se sentiría orgulloso de haber causado ese impacto en la gente joven. Un beso, guapo.

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  2. Yeeeeee, soy David, tu vecino, bonita entrada, cabrón, yo leer, como que no leo una mierda, pero quien era bueno, era bueno sabes o no! A ver pa cuando te marcas una de AC/DC, cabroncete, que esa si la leeré con ganas!!!

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  3. He leído casi toda su obra.

    Y de ella me quedo con "Cien años de soledad".

    La he leído varias veces y la leeré algunas más.

    Para mí el mejor libro que jamás se ha escrito.

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  4. Ay, Alejandro, cuando no te pones tan capullo por Twitter, da gusto leerte. La entrada es preciosa y demuestras lo sensible y personal que puedes llegar a ser. Espero leer de tu puño y letra El Otoño del Patiarca

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  5. Como es natural mucho se esta hablando de Gabriel hoy y esto es lo mejor que he leído, buena manera de recordarle

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  6. Menuda entrada amigo!!! Es una pena que se haya ido Gabo, aunque a nivel literario ya lo había dado todo... No he leído la novela que comentas y es que de este hombre me gustan más las novelas largas. Sus trabajos cortos me saben a poco. Así que espero con muchas ganas que acometas su obra magna.
    Saludos y muy buena entrada

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  7. Bonitas y reales palabras. Se ha ido uno de los grandes. Da igual que sea en la literatura, musica o en el celuloide. Cada vez que nos deja un ser que traspasa su arte. Muere y nace una estrella.

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  8. Fantastica entrada tio, Gabriel G Marquez es un de los que se estudiaran en tema apàrte en el futuro cuando los infantes visiten el siglo XX literario, junto a Hemmingway, Neruda y unos pocos mas, un grande de la literatura sin duda.
    Estoy totalmente de acuerdo en poner de palos hasta las meninges a los que eligen libros como El amor en los tiempos del colera (POM) para fomentar la lectura sobre todo en ciertas edades, es echar a los jovenes de la gloriosa costubre y delicioso amor a la literatura, a mi me hicieron leer con 14 Requiem por un campesino español que tambien...
    Gran entrada.
    Abrazo.

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  9. excelente entrada. El le abrió la puerta a la literatura latinoamericana. Brindo por él

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  10. Fantástica entrada. Aunque la hubiese preferido de Cien Años de Soledad.

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  11. Gracias por el consejo, Alex. Lo leeré en cuanto acabe Cien Años, creo que en los próximos meses y años, me voy a concentrar bastante en el colombiano, en Borges y en Cortazar que son tres autores que me llenan mucho. Por supuesto que seguiré ansioso tu serial sobre Gabo.

    Pd. Si me das permiso me imprimo las entradas sobre él para hacerme un dossier y leerlo siempre que quiera, me gusta mucho tu forma de escribir y, si en música tu eres más hardroquero que yo, en literatura si tenemos lazos, ya te leía con gusto en Appettite for,,,

    Abrazo y enhorabuena!!

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  12. Tan sólo me he leído "Relato de un náufrago" y "Crónica de una muerte anunciada", el siguiente tiene que ser necesariamente este, ya lo tenía decidido y esta entrada no ha hecho más que aumentar las ganas.

    Un abrazo!

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  13. Saludos, muy buen reflexión y excelente reseña sobre la obra paradigmática de García Márquez una pluma que fue de otro mundo, y que sin duda será eterno como acotas en tu excelente artículo. Éxitos

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  14. En algún momento de nuestras vidas todos hemos sido, como el coronel de la novela, solitarios derrotados.

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